Circo ruso

Circo ruso RIA / Vladímir Viatkin

Historia del circo ruso

Las raíces del circo ruso se remontan a las representaciones de los artistas ambulantes conocidos como skomoroji en el siglo XI. Además del malabarismo, la acrobacia y los animales adiestrados, las interpretaciones incluían mordaces escenas satíricas, que formaron la base del género de los payasos.

Hasta hace varios siglos, en Rusia, un país tradicionalmente agrario, que entonces no tenía perspectivas de desarrollo industrial, no se construían circos permanentes. Por consiguiente, no había géneros de circo “oficiales”. Más aún, hasta el siglo XVIII no existía en Rusia la tradición de fiestas urbanas y bufonadas. Así, durante siete siglos, el desarrollo del arte circense en Rusia estaba en el nivel de los payasos ambulantes, que fueron perseguidos por las autoridades eclesiásticas y laicas. La imagen más ejemplar del payaso fue encarnada por Rolán Býkov en la película “Andréi Rubliov”, de Andréi Tarkovski.

En el siglo XVIII, cuando el emperador Pedro I emprendió la ingente labor de europeizar Rusia, se inició —primero en San Petersburgo y después en Moscú— el desarrollo de la vida urbana civil. Esto dio un impulso a la cultura en general y de manera más notable a la rápida evolución de las formas del arte circense.

De tal forma, se fueron propagando los circos de feria en las fiestas populares, donde había representaciones de acróbatas, gimnastas y malabaristas.

Pedro I organizó un gabinete de curiosidades (Kunstkámera, el primer museo ruso), parte de cuyos primeros objetos expuestos fue un feto conservado en alcohol, lo que aumentó el interés hacia personas con deformidades físicas o aspecto distintos. Entre la aristocracia rusa se inició la moda de las personas de raza negra y los enanos. En los pabellones de circo en ferias se mostraban monstruos como mujeres barbudas u “hombres perro”.

Simultáneamente se desarrollaron las formas oficiales de circo en la corte. A partir del siglo XVIII se establecieron las tradiciones de carruseles teatralizados, cabalgatas y otros espectáculos ecuestres.

Ya a mediados del siglo existía en el país el verdadero circo de caballos. A principios del siglo XIX se celebraron representaciones en el picadero del conde Zavadovski y se construyó un edificio especial en la isla de Krestovski, en San Petersburgo. El desarrollo de la diplomacia y de las relaciones internacionales llevó a Rusia a un número creciente de actores de circos europeos, sobre todo italianos.

En 1849 se inauguró en San Petersburgo el Circo Imperial con una sección especial para la preparación de artistas y en 1853 se construyó un circo permanente en la calle Petrovka de Moscú. Esos edificios eran de madera y no tenían muchas comodidades. En las provincias funcionaban circos móviles, e incluso en algunos de ellos sus artistas eran siervos de la gleba.

En diciembre de 1877 se inauguró en San Petersburgo el primer recinto circense construido en piedra gracias a la iniciativa del jinete y domador italiano Gaetano Ciniselli, patriarca de una gran familia de artistas circenses, quien llegó de gira a San Petersburgo por primera vez en 1847. El edificio, que ha sido reconstruido varias veces, permanece en el mismo lugar y con el mismo nombre.

Así empezó la etapa moderna del desarrollo del circo ruso. Actualmente casi todas las grandes ciudades de Rusia tienen sus propios circos permanentes.

“Mientras nuestro pueblo siga ignorante y analfabeto, las artes más importantes para nosotros serán el cine y el circo”. Estas palabras constituyen una de las citas más famosas de Lenin, y las dijo al Comisario Popular de Eduación, Lunacharski, mientras discutían sobre el papel de la cultura en la revolución.

En 1919, dos años después de la Revolución Bolchevique, Lunacharski preparó un informe sobre la reforma del circo ruso. Los dos circos de Moscú —el de Salomonski en el Bulevar Tsvetnói, y el de los hermanos Nikitin, en la calle Sadovo-Triumfálnaya— fueron nacionalizados y rebautizados el Primer y el Segundo Circo Estatal. Sus programas cambiaron por decreto gubernamental.

Desde aquel momento toda la actividad circense (como casi toda la cultura en general) empezó a estar controlada por el poder soviético. Así, el circo como arte muy popular se usaba como medio de propaganda. Por ejemplo, durante la campaña antirreligiosa de los años 20 algunos números de circo se mofaban del oficio divino. Durante la Gran Guerra Patria (1941-1945) artistas del circo hacían muchas giras para visitar el frente de combate, tropas, etc., dando ánimo y esperanzas a los soldados soviéticos.

Dinastías del circo

Una de las dinastías más famosas del circo ruso es la de los Dúrov, fundada por los hermanos Anatoli (1865-1916) y Vladímir (1863-1934) Dúrov. El mayor se dedicaba al adiestramiento de animales e incluso asistió a las lecciones del famoso fisiólogo Séchenov. En 1910 compró una casa en Moscú —en una calle que actualmente lleva su nombre— para crear un museo zoológico y un laboratorio de psicología animal, donde trabajaron varios eminentes científicos. En su circo participaron muchos animales exóticos como elefantes, monos, un pelícano, etc.

Otra dinastía famosa es la de los prestidigitadores Kío. El apellido verdadero del patriarca, Emil, era Girshfeld-Renard, pero le parecía poco adecuado para los carteles. Halló su alias al ver un rótulo luminoso por la noche en la calle. Le inspiró la palabra kinó, “cine”, en la que faltaba una letra. Así surgió “Kío”.

Emil Kío (1894-1965) fue el primer ilusionista en trasladar grandes equipos a la pista del circo, lo que aumentó la dificultad de los trucos ya que los espectadores podían ver al artista desde todos los ángulos. Kío se caracterizó por el enfoque intelectual de los trucos, que presentaba al público como enigmas y rompecabezas. Elaboró muchos de ellos y sus principios son usados por la mayoría de sus colegas en todo el mundo. En 1960, en Londres, fue nombrado el mejor ilusionista del mundo. Sus dos hijos –Ígor y Emil–,  siguieron los pasos del padre.

Una de las dinastías más populares hoy en Rusia es la de los hermanos domadores Zapashnie.

Payasos rusos famosos

La historia del circo ruso también cuenta con varios payasos célebres. Karandash (“Lápiz”) —Mijaíl Rumiantsev (1901-1983)—, empezó su carrera imitando a Charlie Chaplin, pero gradualmente ideó su estilo propio, dejándose sólo el bigote característico. Durante la Gran Guerra Patria se dedicó a la sátira contra los fascistas alemanes y, terminada la guerra, se ocupó de la sátira social. Sus representaciones eran populares en muchos países europeos y latinoamericanos.

El payaso Yuri Nikúlin (1921-1997), que durante largos años dirigió el Circo del bulevar Tsvetnói, considerado uno de los mejores del mundo, era también un actor popular. Desempeñó papeles en muchas comedias e incluso dramas soviéticos de directores como Leonid Gaidái.

Hoy uno de los payasos rusos más populares es Viacheslav Polunin, que tiene varios galardones internacionales —incluido uno español— y desde 1988 vive en el extranjero.

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