Patinaje artístico sobre hielo

Patinaje artístico sobre hieloRT

Orígenes

La fecha exacta de la aparición del patinaje artístico sobre hielo en Rusia no se conoce pero como punto de partida se considera la época de Pedro I, el Grande. Fue precisamente Pedro I quien trajo de Europa los primeros modelos de patines y fue él mismo quien inventó una nueva forma de diseño (unido a las botas) y prácticamente creó el prototipo moderno de patines.

En 1833 en San Petersburgo apareció el primer manual para patinadores artísticos, Pasatiempos de invierno y el arte de correr sobre el hielo. Su autor fue G. Pauli, profesor de gimnasia en escuelas militares de San Petersburgo. En 1865 se inauguró una pista de patinaje pública en el jardín Yusupovski de la calle Sadóvaya, en aquel momento el más sofisticado de toda Rusia. Allí patinaban tanto deportistas profesionales como aficionados al deporte del hielo. El deporte se fue popularizando con la construcción de otras pistas en diferentes poblaciones. Los miembros de la familia del zar y la clase aristocrática de San Petersburgo también patinaban.

El patinaje artístico empezó a ser considerado deporte a finales del siglo XIX. En 1890 en San Petersburgo, durante un torneo por el 25.º aniversario de la apertura de la pista del jardín Yusupovski, fueron invitados los mejores patinadores del mundo. Entre los muchos que aceptaron la invitación se encontraba el campeón de Estados Unidos y el campeón de Alemania, así como los mejores patinadores de Austria, Finlandia, Inglaterra, Holanda, Suecia y Noruega. La competición, definida como un “oficioso Campeonato del Mundo”, tuvo como ganador al miembro honorífico de la Sociedad Petersburguesa de Aficionados a las Carreras de Patines, Alexéi Lébedev.

Apenas seis años después, en San Petersburgo se realizó oficialmente el Primer Campeonato Mundial de patinaje artístico. Sin embargo, ningún ruso estuvo entre los ganadores. El primer patinador ruso cuyo nombre llegó a todos los rincones fue el natural del pueblo de la región de Vorónezh (a unos 500 kilómetros al sur de Moscú), Nikolái Panin-Kolomenkin.

En 1901 Nikolái Panin (nombre con el que participaba en las competiciones) presentó la solicitud para participar en el torneo ruso “El arte del patinaje”. Realizó con éxito su presentación, completado su programa a la perfección y recibió una gran medalla dorada y el título de Mejor Patinador Artístico de Rusia.

El 1903, para el 200.º aniversario de la fundación de San Petersburgo, el comité de la Unión Internacional de Patinadores, concedió a la Sociedad Petersburguesa de Amantes del Patinaje el derecho a albergar el Campeonato del Mundo. Nikolái Panin tuvo que enfrentarse a los mejores deportistas del planeta, entre los que se encontraban el campeón del mundo, el sueco Ulrich Salchow (ex campeón del mundo), el alemán Gilbert Fuchs (campeón de Austria) y Max Bohatsch, entre otros. El primer lugar fue para Ulrich Salchow y el segundo para Nikolái Panin.

Uno de los momentos más importantes de la carrera del patinador fueron los Juegos Olímpicos de 1908 de Londres. Panin compitió contra el ya entonces siete veces campeón del mundo y seis veces campeón de Europa, Salchow, el dos veces medalla de plata en Campeonatos Mundiales, el alemán Burger, el estadounidense Irving Brokaw y el británico Arthur Cumming entre otros.

El 16 de octubre Nikolái Panin realizó perfectamente todas las técnicas obligatorias, sin embargo, ocupó el segundo lugar. El campeón del mundo, Salchow, se ponía histérico luego de cada técnica realizada por Panin, y los jueces tuvieron que hacerle una advertencia. Además, el juez que representaba al Reino Unido era sueco, al igual que el representante de Suecia, y otro árbitro era amigo de Salchow. Los tres conformaban el “bloque sueco”, que tenía como objetivo no permitir que nadie salvo Salchow obtuviera el oro. Finalmente Panin (1147 puntos) terminó detrás del sueco (1172), pero por delante del también sueco Per Thorén (1094). En protesta a la supuesta injusticia de los jueces Panin se retiró del programa libre. Pero al día siguiente compitió en las competiciones de técnicas especiales (inventadas por los mismos patinadores). Ulrich Salchow, sabiendo que en esta categoría era prácticamente imposible ganar a Panin, se retiró con anticipación de la competencia.

Panin les presentó a los jueces unas técnicas tan difíciles, que al principio no creyeron que tales elementos pudieran realizarse sobre el hielo. Luego de su perfecta realización, los árbitros decidieron unánimemente darle la victoria al ruso, con una puntuación récord (219 puntos de 240, es decir 91,3 % del máximo), convirtiéndose de esta manera en el primer ciudadano del imperio ruso en convertirse en campeón olímpico. La siguiente medalla dorada en patinaje artístico llegaría 56 años después.

Patinaje por parejas

En 1964, en las Olimpiadas de Invierno de Innsbruck, el patinaje artístico se presentaba en tres modalidades: individual masculina, individual femenina y por parejas. Fue en esos Juegos cuando la pareja soviética conformada por Liudmila Beloúsova y Oleg Protopopov inesperadamente se impuso a los favoritos indiscutibles de Alemania Occidental, Marika Kilius y Hans-Jürgen Bäumler. A partir de allí hasta los Juegos de Invierno de Vancouver, en 2010, los rusos han ganado siempre en la modalidad por parejas.

En 1968 nuevamente Beloúsova y Protopopov se hicieron con las medallas doradas. En 1972 comenzó la era de la renombrada Irina Rodniná. En Sapporo, Japón, ganó la Olimpiada junto a Alexéi Ulánov, y cuatro años después, en 1976, y luego en 1980, conquistó la Olimpiada formando pareja con Alexandr Záitsev. Rodniná está considerada una leyenda del patinaje artístico, y con justicia. Hasta el momento solo ella y la noruega Sonia Henie (individuales) han conseguido ser tres veces campeonas olímpicas. Además, ninguna patinadora artística ha ganado las Olimpiadas con diferentes parejas.

En 1984 la batuta de campeones fue recogida por Yelena Valova y Oleg Vasíliev. En 1988, Yekaterina Gordéyeva y Serguéi Grinkov, a pesar de su corta edad, lograron impresionar a los jueces con su fascinante técnica y lograron el oro en los Juegos de Calgary (Canadá). En los de Albertville (Francia) en 1992, Gordéyeva y Grinkov no pudieron participar porque seis meses antes de las competiciones había nacido la hija de la pareja y decidieron hacer un paréntesis en su carrera. Pero la escuela soviética de patinaje por parejas volvió a ser invencible gracias al dúo conformado por Natalia Mishkutiónok y Artur Dmítriyev.

En 1994 Gordéyeva y Grinkov volvieron a la competición y conquistaron de manera brillante los Juegos de Lillehammer (Noruega). Cuatro años después, en los Juegos de Nagano (Japón), Artur Dmítriev, esta vez formando pareja con Oxana Kazakova, volvió a triunfar y se convirió en el único patinador de la historia en lograr dos veces el título olímpico con parejas diferentes.

En las Olimpiadas de Salt Lake City (Estados Unidos), conquistaron el primer puesto del podio Yelena Berezhnaya y Antón Sijarulidze. Sin embargo, concluidos los juegos, los árbitros cambiaron su veredicto y un segundo juego de metales de oro fue entregado a la pareja canadiense conformada por Jamie Sale y David Pelletier, provocando uno de los mayores escándalos de la historia de los Juegos Olímpicos.

En 2006, en Turín, nadie dudaba de la superioridad de los rusos y fue así como los alumnos del campeón olímpico de 1984, Oleg Vasíliev, Tatiana Totmiánina y Maxim Marinin se llevaron indiscutiblemente el oro.

Los Juegos de Vancouver se convirtieron, después de 46 años, en las primeras Olimpiadas donde los rusos no solo se quedaron sin el oro, sino que tampoco pudieron subir al podio. La pareja Yuko Kavaguti – Alexandr Smirnov solo alcanzó el cuarto lugar.

Danza sobre hielo

En 1976 el programa olímpico del torneo de patinadores se enriqueció con la llegada de una nueva modalidad: danza sobre hielo. Esta competición, que apareció en los años 40, cobró popularidad rápidamente y fue incluida en el programa de los Juegos. Al igual que el patinaje por parejas, los bailes en el hielo muy pronto serían catalogados como una disciplina soviética y luego rusa, debido a que los ganadores de estas competencias mayormente eran de la URSS y posteriormente de Rusia.

Los primeros campeones de la historia de danza sobre hielo fueron Liudmila Pajómova y Alexandr Gorshkov. Los bailarines soviéticos fueron durante varias décadas los favoritos en las Olimpiadas. En 1980 en Lake Placid, Natalia Linichuk y Gennadi Karponósov fueron los mejores. Cuatro años más tarde, en Sarajevo, las medallas doradas fueron para los británicos Jayne Torvill y Christopher Dean, pero el segundo y tercer lugar fueron para parejas soviéticas, Natalia Bestemiánova con Andréi Bukin y Marina Klímova con Serguéi Ponomarenko, respectivamente. A partir de ahí estas dos parejas monopolizaron los primeros lugares de las Olimpiadas alternando el primer lugar.

En los Juegos de Calgary el oro fue para Bestemiánova y Bukin, mientras que en Albertville los mejores fueron Klímova y Ponomarenko. Estas dos parejas no solo eran de una misma nación, sino que también tenían el mismo entrenador: la legendaria Tatiana Tarásova. En 1994, en Lillehammer ocurrió algo inesperado: la joven pareja conformada por Oxana Grischuk y Yevgueni Platov corta con la tradición de los campeones, se impone a los favoritos Oleg Krylov y Anzhelika Ovsiánnikova, y se convierte en campeona olímpica. Cuatro años después, en Nagano, volvieron a demostrar lo mejor de sus movimientos sobre el hielo y se convirtieron en los primeros bicampeones olímpicos, hazaña que hasta el momento no ha sido superada.

En 2002 lo más alto del podio fue conquistado por un dúo galo cuya parte femenina era representada por una rusa nacionalizada francesa, Marina Anissina. Junto su pareja, Gwendal Peizerat, obtuvo una elegante victoria en los Juegos de Salk Lake City.

En Turín, en 2006, gana con seguridad y fuerza la pareja rusa conformada por Tatiana Navka y Román Kostomárov. Cuatro años después, en Vancouver, los rusos solo pudieron obtener la medalla de bronce. El tercer lugar de la competición fue para Oxana Dómnina y Maxim Shabalin.

Patinaje masculino

La modalidad masculina de patinaje artístico tomó vuelo a partir de 1908 gracias a los esfuerzos de Nikolái Panin-Kolomenkin, que tras concluir su carrera profesional, continuó siendo entrenador. Sin embargo, no pudo obtener ningún logro en su nuevo cargo. Los deportistas soviéticos comenzaron a participar en campeonatos del mundo a partir de los años 50.

La primera medalla en esta competición la obtuvo Serguéi Chetverujin, que ocupó el tercer lugar en 1971. El primer campeón del mundo soviético aparecería en 1975 con la figura de Serguéi Vólkov. Luego, en 1977 y 1979 Vladímir Kovaliov fue el mejor del mundo. Sin embargo, en los Juegos Olímpicos ninguno de estos patinadores pudo subir al podio.

Durante casi una década brilló Ígor Bobrin, pero a pesar de que su único gran logro fue el coronarse campeón de Europa en 1981, su estilo y arte, además del recordado “salto de Bobrin” con un giro horizontal, sin duda, enriquecieron la historia del personaje artístico.

En 1985 de nuevo un ruso se coronó campeón del mundo: Alexandr Fadéyev. No obstante, al igual que sus compatriotas, tampoco tuvo suerte en las Olimpiadas. Finalmente en 1992 Víktor Petrenko conquistó el oro en Albertville, la primera medalla dorada desde la época de Panin- Kolomenkin y también la primera de una larga serie.

En Lillehammer, el pupilo de Alexéi Mishin, Alexéi Urmánov, de 20 años, obtuvo el primer lugar. En Nagano el discípulo de Tatiana Tarásova, Iliá Kulik, obtuvo el oro, realizando por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos un salto cuádruple.

La competición masculina en las Olimpiadas de 2002 será recordada por siempre por el duelo histórico entre Alexéi Yagudin y Yevgueni Pliúschenko. Ambos habían sido entrenados por Alexéi Mishin, pero Yagudin en 1999 pasó a las manos de Tatiana Tarásova y durante tres años triunfó impecablemente en “los torneos más importantes de su vida”, como reconoció después, superando a Pliúschenko.

Sin embargo, en 2006, Pliúschenko ya no tenía rivales y triunfó merecidamente en las Olimpiadas de Turín. Luego de finalizada la competición, anunció su retirada de las pistas de hielo, pero a menos de un año de los Juegos de Vancouver volvió a competir y conquistó por sexta vez el Campeonato de Europa, estableciendo además una nueva marca mundial luego del programa corto. Ya en las Olimpiadas canadienses obtuvo la medalla de plata, superado por el estadounidense Evan Lysacek, un resultado que, sin embargo, fue muy criticado por los especialistas del deporte y considerado como injusto. Ahora, entre sus planes está competir en los Juegos de Sochi de 2014.

Patinaje femenino

La escuela de patinaje femenino de Rusia durante mucho tiempo estuvo a la zaga del resto. “La primera golondrina” en el hielo mundial llegaría apenas en 1970: Yelena Vodorézova.

La niña de 12 años, debutante en el Campeonato de Europa de 1976 realizó, dos técnicas únicas: cascada de un flip doble y Toe loop triple. Fue la primera vez en la historia del patinaje artístico que se realizó, en primer lugar, un salto flip en una cascada con un salto triple, y en segundo, el primer salto triple en una cascada en la categoría femenina. Después de Vodorézova las mejores bailarinas empezaron a incluir en su programa dos o tres saltos triples. En las Olimpiadas, sin embargo, Yelena no pudo superar el octavo lugar, pero fue la primera patinadora soviética que subió al podio en el Campeonato de Europa (medalla de bronce en Estrasburgo 1978) y en el Campeonato del Mundo (bronce en Helsinki 1983).

Luego de Vodorézova, el éxito en competiciones internacionales solo fue alcanzado por dos patinadoras. Ambas obtuvieron medallas de plata en los Campeonatos del Mundo: Anna Kondrashova, en 1984, y Kira Ivanova, en 1985. En los diez siguientes años ninguna rusa fue capaz de subir al podio mundial.

En 1996 en Rusia apareció una nueva, y hasta el momento la mejor, estrella del patinaje femenino nacional. Irina Slútskaya conquistó el oro en el Campeonato de Europa de la categoría de individuales, y a lo largo de su carrera conquistaría el mismo título en seis ocasiones. Sin embargo, el destino no quiso que se convierta en la primera rusa en ser campeona del mundo.

Ese título fue conseguido en 1999 por la alumna de Yelena Chaikóvskaya, María Butýrskaya, de 29 años, estableciendo además un importante récord: ser la campeona del mundo de mayor edad.

Posteriormente, Irina Slútskaya conquistó la medalla de oro en los Campeonatos del Mundo de 2002 y 2005, pero el metal dorado olímpico nunca llegó a sus manos. En Salt Lake City, Slútskaya fue sin dudas, la mejor, pero por un voto el destino de la principal medalla olímpica cayó en manos de la estadounidense Sarah Hughes, y Slútskaya terminó obteniendo la plata. En 2006, en Turín, Irina logró el bronce y se despidió de su carrera profesional, dedicando sus logros a su familia. La nueva generación de patinadoras en individuales aún no ha destacado en los últimos tiempos.

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