Alina Kabáyeva

Alina KabáyevaRIA Novosti / Iliá Pitaliov

Alina Kabáyeva es la mujer más exitosa de la gimnasia rítmica en Rusia. A los 24 años logró conquistar casi todas las cimas posibles de este deporte y después las de la vida social y política del país. Con el fin de su carrera gimnástica, la campeona olímpica se convirtió en miembro de la Cámara Pública de Rusia y luego en diputada del Parlamento ruso. Pero siempre afirma que debe su éxito al deporte. “Mis hijos serán deportistas porque el deporte es una escuela seria de la vida. Te enseña a conseguir tus metas y a ganar” decía Kabáyeva.

De Taskent a Moscú

Alina nació el 12 de mayo de 1983 en Taskent, en la actual Uzbekistán. En los años 80 su madre, la jugadora de baloncesto Liubov Kabáyeva y la futura entrenadora de su hija, Irina Viner, visitaban el mismo centro deportivo en Taskent. Viendo el entrenamiento de los deportistas de gimnasia rítmica, Liubov se juró que su pequeña sería gimnasta. Pero su padre, Marat Kabáyev, futbolista del popular Pajtakor FC de la capital uzbeka, pensaba que el deporte profesional era muy duro para su adorada niña. Sin embargo, cuando Irina Viner se fijó en la pequeña de seis años, todas las dudas se disiparon y la decisión se tomó en tiempo récord.

“Nadie me hubiera podido explicar por qué elegí a Kabáyeva. Era muy blanda, relajada, entradita en carnes, como cualquier niña en Oriente, y al mismo tiempo muy femenina y plástica. A veces me parece que elegí a su madre. Mucho antes de los primeros éxitos de Alina ella dejó el deporte para dedicarse totalmente a su hija. Le impuso una estricta dieta y dos meses después la pequeña de seis años, sin dañar la salud, bajó cinco kilos de peso” cuenta Irina veinte años después.

Alina cuenta como terminó entrenándose con Viner: “Cuando mi madre y yo fuimos a Moscú, de una vez fuimos a mostrarnos a Irina Alexándrovna [Viner]. Al principio, ni siquiera quería verme porque se enteró de que ya tenía 12 años, que para la gimnasia artística ya era algo mayor. Pero mi madre fue insistente: ‘Pero si no la ha visto en la lona’, y Viner finalmente aceptó. Y empecé a realizar algunos ejercicios, a saltar por toda la sala, donde incluso, había chicas de la selección de Rusia, se podría decir estrellas. Pero estaba acostumbrada, por eso me dediqué a hacer lo mío, me esforcé mucho y no me di cuenta de cómo la gente me rodeó para observarme. Se acercó Irina Alexándrovna, me miró, y me preguntó:

—¿Sabes sonreír?

—Sí sé—, le dije.

— A ver, sonríe—, me dijo.

Yo sonreí.

—Ahora muéstrame tus saltos—, dijo.

Y comencé a hacerlos, y en algún momento salté tan alto que hasta yo misma me asusté. Todos quedaron pasmados. Viner me tomó de la mano me llevó hacia el entrenador principal de la selección rusa y le dijo: ‘¡Mire qué niña tan fenomenal! ¡Qué flexible y cómo salta!’. Así empezó mi carrera deportiva en Moscú" cuenta Alina.

La pequeña se comportaba como una adulta, era la más pequeña, la más terca y en los entrenamientos hablaba sola, con una voz que recordaba a la de su madre. Se decía: “¡Anda y hazlo! ¡Muéstrales lo que vales! ¡Demuéstrales que eres la mejor! ¡Si retrocedes una vez, nunca ganarás!”. Después su madre también se mudó a la capital rusa. Se desempeñó como maestra, enfermera, masajista en la selección y hasta encargada de vestuario, y todo por estar cerca de su hija.

Camino a la cima

Ya en 1996 se integró en la selección nacional y dos años después se convirtió en campeona de Europa, en Portugal, siendo la más joven, con 15 años, de un equipo de renombradas atletas. En 1999 repitió la corona europea y además consiguió el título mundial en Osaka, Japón. Sin embargo, en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, donde nadie dudaba de que lograra el oro, en su segunda intervención ocurrió lo inesperado; se le cayó el aro y tuvo que salir a buscarlo fuera del área de ejercicios. Como resultado terminaría tercera.

“Ahora sé exactamente que lo que ocurrió en Sídney fue un verdadero regalo del destino que me ayudó a ver todo de un modo distinto. Ahora estoy contenta por que todo haya ocurrido así. En primer lugar porque no dejé el deporte y pude moverme hacia los siguientes triunfos, y en segundo lugar, porque esa derrota me obligó a pensar, a darme cuenta de que no se puede ser así de segura de una misma, de tu victoria, ser así de presuntuoso. Sin lugar a dudas, hay que esforzarse, ir hacia tu meta fijada, pero recordar que no todo en esta vida depende de nosotros mismos. Fue así como decidí continuar dedicándome al deporte”.

En el año 2001, durante el Campeonato Mundial de Madrid, Kabáyeva ganó tal y como lo tenía planeado, pero fue descalificada de una extraña manera. “La prueba antidopaje fue practicada dos meses antes del torneo”, recuerda Alina. “Normalmente, los resultados están listos en una semana. No los recibimos. Nos aprobaron para competir, gané, y dos meses después me dicen que encontraron algo en la sangre. Me dio la impresión de que si hubiera perdido, no hubieran encontrado nada”, contó. Fue sancionada por un año de toda competición. Viner comenzó a entrenar con nuevas gimnastas. Alina se ponía celosa, pero no lo demostraba y continuaba con los entrenamientos. Sabía que tenía que ser la campeona del mundo en Grecia. En nuestros tiempos se considera que las gimnastas a los 20 años ya no tienen futuro y Alina cumplía 21 años en 2004. Pero seguía trabajando con la tenacidad de un samurái.

En 2003 en Budapest obtuvo por segunda vez el Campeonato del Mundo, siendo la mejor en los ejercicios con pelota y cinta; y en 2004, en Kiev, Ucrania conquistó el Campeonato Europeo, a pesar del apoyo de las tribunas a la local Anna Bessónova, cinco veces campeona mundial. Consiguió la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, con una puntuación de 108.400 (aro 26.800, pelota 27.350, mazas 27.150, cinta 27.100). Ese había sido su sueño desde la niñez y finalmente se cumplió. Alina sintió que el tremendo peso de la responsabilidad y las esperanzas cayó. Había conquistado todas las cimas deportivas. Puede ser que por eso (o por la causa de los problemas de salud) pocos meses después Alina anunciara su retirada del deporte.

Luego de la victoria en Grecia, Alina recibió una lluvia de propuestas: invitaciones a la televisión y al cine, en el extranjero hacían documentales enteros dedicados a la deportista… Le propusieron que abriera su propio centro de entrenamiento. Pero no quiso competir con Viner. Alina prometió a su madre que volvería al deporte, pero no de la misma forma y no en aquel momento.

Volvió a las competiciones en septiembre de 2005 en un encuentro amistoso entre Italia y Rusia en Génova, Italia, pero no tuvo una buena actuación y terminó octava. Volvió a los triunfos en marzo de 2006 ganando el torneo moscovita “Gazprom Moscow Grand Prix” o la “Copa de Campeones”, donde venció a sus compatriotas Vera Sésina y Olga Kapránova, quienes aspiraban al puesto de capitán de la selección de Rusia. Fue allí donde anunció que estaba lista para las Olimpiadas de 2008 en Pekín, y la principal entrenadora de la selección nacional, Irina Viner, dijo que la gimnasta podía competir el tiempo que quisiera mientras tuviera el deseo y la motivación, incluso hasta los 40 años. Sin embargo, los pronósticos resultaron demasiado prometedores.

Más allá de la lona

Desde diciembre de 2001 hasta el año 2005 fue miembro del Consejo Superior del partido político Rusia Unida. Luego fue elegida miembro de la Cámara Pública de Rusia al mismo tiempo que formaba la “Fundación Alina Kabáyeva”, que ayuda a niñas talentosas de provincias para mudarse a Moscú y recibir apoyo económico durante sus entrenamientos.

En 2007 consiguió un escaño de diputada en la Duma Estatal de Rusia, donde tuvo que aprender muchas cosas nuevas. “Maduré mucho con mi labor social. Antes quería gustarle a la gente y ahora quiero ayudarlos. Todos esperan de mí bonitas y románticas historias, cuentos de príncipes azules. Pero no puedo vivir en nuestros tiempos y no darme cuenta de lo que ocurre en nuestras narices. Sí, he sido campeona pero ¿qué sé de la vida real? Creo que recién ahora llegó la hora de ver, escuchar, preocuparse. Duermo cuatro horas al día. Por las mañanas siempre salgo a correr, por la noche a nadar y los fines de semana practico tenis o voy a esquiar, todo esto para que mi capacidad de trabajo aumente y no me duerma en las sesiones como hacen varios. En todo lo demás soy una persona común y corriente. Duermo, como, leo, me relaciono con mis amigos, con la gente. ¿Ustedes creen que mi camino hacia la gimnasia fue color de rosa? He tenido lesiones, golpes en la cabeza, por eso no le temo ni a la vida, ni a la suciedad, no se me pega”.

Últimos premios

A mediados de 2007 Kabáyeva no pudo participar en el Campeonato de Europa por una lesión, pero se recuperó para el Mundial de Grecia de septiembre. Allí no pudo obtener ninguna medalla de oro en individuales, siendo campeona solo en los ejercicios grupales.

En noviembre del mismo año, en el Gran Premio de Innsbruck, Alina consiguió la medalla de bronce en los ejercicios de cuerda. Ese metal fue el último premio de Kabáyeva. Un mes después su entrenadora Viner decía que su pupila se quejaba de constantes dolores en la rodilla, y no tenía duda al respecto. “Kabáyeva en primer lugar es una persona con emociones fuertes. Es difícil para ella hacer algo que no le gusta. Si realmente lo quiere moverá montañas para lograrlo. Si está de mal humor, es mejor no empezar los entrenamientos. Solo sé una cosa: si Alina tiene la mínima duda sobre su lesión, no volverá a la sala de entrenamientos. Entonces, solo nos queda colmarnos de paciencia”.

En 2006 Alina fue reconocida con el premio “Mujer del Año” que otorga la revista Glamour, según las votaciones de los lectores, y premiada como la mujer más sexy de Rusia en la categoría de deporte.

En resumen, Alina Kabáyeva es campeona olímpica de Atenas 2004 y tiene medalla de bronce en Sídney 2000, es dos veces campeona mundial (1993 y 2003), cinco veces campeona de Europa (1998, 1999, 2000, 2002, 2004) y seis veces campeona de Rusia (1999-2001, 2004, 2006, 2007).

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