Vasili Kandinski

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Cautivado por la fuerza de la paleta

Vasili Kandinski (en ocasiones transliterado “Wassily Kandinsky”) nació el 16 de diciembre de 1866 en Moscú en la familia rica y culta de un hombre de negocios. De niño viajó con sus padres por Europa. A pesar de que el joven tenía éxito en sus clases particulares de pintura, en casa le predecían un futuro como jurista.

Tras graduarse con éxito en la Universidad de Moscú, ocupó un puesto de docente en la Facultad de Derecho. Después le ofrecieron el puesto de catedrático en la Universidad de Tartu, en la ciudad estonia del mismo nombre, pero el pintor ya estaba influido por las obras de los impresionistas franceses y decidió dedicarse a la pintura, camino en el que terminó convirtiéndose en uno de los fundadores del estilo abstracto.

En 1895 Kandinski visitó en Moscú la exposición de impresionistas franceses y se quedó sorprendido por el cuadro de Claude Monet El almiar de heno:

“Y de pronto, por primera vez, vi un cuadro. Leí en el catálogo que se trataba de un montón de heno, pero no podía reconocerlo (…). Me di cuenta de que faltaba el objeto del cuadro (…). Lo que tenía perfectamente presente era la insospechada y hasta entonces oculta fuerza de la paleta”.

De aprendiz en Alemania

Desde Moscú se fue a Alemania, a la ciudad de Múnich, considerada en aquel entonces uno de los centros del arte europeo. Se separó de su esposa, Anna Chemiákina, y se estableció con la pintora alemana Gabriele Münter. La prestigiosa escuela privada del pintor esloveno Anton Ažbe le proporcionó sus primeras habilidades profesionales en la composición y en el trabajo con la línea y la forma. Sin embargo, el joven artista dejó esta escuela para ingresar en la Academia de Artes en Múnich y en la clase de Franz von Stuck. El “primer dibujante de Alemania” estaba contento con su alumno pero consideraba su gama de colores demasiado brillante, así es que durante el año entero Kandinski pintó únicamente en blanco y negro para “estudiar la forma como tal”.

Tras cinco años de viajes con Gabriele en los que visitaron Italia, Francia, países de África del Norte e hicieron viajes cortos a Moscú, se instaló en la pequeña ciudad alemana de Murnau, a unos 70 kilómetros al suroeste de Múnich y a los pies de los Alpes para experimentar y buscar su camino creativo.

En sus cuadros de esa época la combinación insólita de los colores, el juego de estos y las líneas en los paisajes poco a poco desplazaron las imágenes de la realidad. Kandinski también puso sobre el lienzo cuentos populares y leyendas nacionales rusas.

La obra más característica de este período creativo es El jinete azul, de 1903. Se considera una obra extraordinaria por el manejo de la luz y el color y la simpleza con la que se consigue el contraste entre el movimiento del jinete y el estático paisaje de fondo. Los críticos destacan el hecho de que Kandinski usara únicamente el color para mostrar la dinámica del movimiento mientras que habitualmente los pintores recurren a las líneas adicionales.

El padre del arte abstracto

Kandinski se convirtió en el centro de atracción de todo lo intelectual e inquietante en el proceso de búsqueda en el arte. Junto con otros pintores fundó las asociaciones de arte Jinete Azul y la Nueva Sociedad Artística de Múnich. Todos los miembros tenían predilección por los colores brillantes y, en general, por el nuevo estilo expresivo. Kandinski escribió:

“El color es un medio para influir directamente en el alma. El color es la tecla. La vista es el macillo. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es el mando que, tocando esta o aquella tecla, hace vibrar el alma de manera que puede influir en ella directamente”.

Nunca la pintura de Kandinski se desarrolló tan vertiginosamente como en los años de su vida en Múnich, escribía Michel Conil Lacoste en el libro Kandinski:

“El estilo de sus primeras obras no predecía la renovación radical de la pintura. Pero pocos pintores tienen el talento de manifestar la originalidad en la forma y en el contenido a la vez ¡Qué gran fuerza creativa debía actuar en Kandinski! ¡Qué brusca evolución entre 1908 y 1911! Desde los paisajes, aunque atrevidos desde el punto de vista del color y la forma, pero todavía fieles a la naturaleza, como Casas en el Obermarkt, de 1908, hasta el estudio caótico Improvisación quebrada, de 1914 e inquietantes composiciones en la serie Estaciones del año en el Museo Guggenheim. Sería verdaderamente difícil adivinar la mano del mismo pintor en las todavía figurativas Los cruzados, de 1903, y en obras tan abstractas como Composición n.º VII, de 1913, a pesar de la dinámica común de estas obras. Aquí, una ráfaga; allí, un movimiento libre”.

En el año 1912 Kandinski publicó el libro De lo espiritual en el arte, que cambió la idea común sobre el arte en general. Este libro fue el primer estudio teórico sobre el arte abstracto.

“Los objetivos y métodos de la naturaleza y el arte son distintos pero son igual de grandes y fuertes”, escribió el pintor. La idea de Kandinski era la expresión y el desarrollo personal del espíritu como la encarnación del proceso creativo. Además de la literatura teórica, el pintor incursionó en el mundo de la lírica y publicó la colección de poemas Sonidos (1913) con 55 litografías en blanco y negro y en color.

Rusia. 1914-1921.

En 1914 Kandinski dejó a Gabriela, regresó a Moscú y se casó tres años más tardecon Nina Andréyevskaya, hija de un general ruso.  

En sus pinturas se mezclaron el lenguaje artístico de lo abstracto, paisajes impresionistas y fantasías románticas. La atmósfera vanguardista de Moscú influyó en su obra, como se puede apreciar en el mayor número de elementos geométricos en las pinturas.  

En Rusia, el pintor colaboró con las nuevas autoridades (el Gobierno soviético de los bolcheviques). Kandinski impartió clases en escuelas de arte, participó en la organización de 22 museos provinciales y continuó pintando.

Las obras más características de este período son Amazona, Amazona en las montañas, El peine azul, Crepúsculo y La Plaza Roja. Esta última es el símbolo de la ciudad que está al borde de una nueva época.

Las obras de este período, tanto figurativas como abstractas, destacan por su dinamismo y una composición singular. El papel principal en las pinturas lo interpreta el ritmo de las líneas y de los colores.

“Espiritismo desfigurado”, así calificaron el arte de Kandinski muchos de sus colegas en los inicios de los años 20. El pintor se defendía afirmando que “el arte debe rechazar la belleza externa para sacar a la luz lo bello del interior. Pero esta belleza puede parecer como fealdad para un espectador que no esté preparado”.

La crítica injustificada fue una de las causas de su emigración. Además, el arte abstracto y otras corrientes artísticas rusas de vanguardia estaban por desaparecer, rechazadas por el arte oficial: el realismo socialista. En diciembre de 1921 Kandinski se fue a Alemania.

Bauhaus. 1922-1933

Kandinski se instaló en la ciudad alemana de Weimar y comenzó a impartir clases en la Bauhaus, escuela superior de construcción y de proyectos artísticos. En esta época el pintor ruso obtuvo fama mundial: todos los años se organizaban exposiciones de sus obras en diferentes países europeos y en los Estados Unidos.

Su pensamiento creativo se transformó: al primer plano pasaron los elementos geométricos y la paleta se llenó de colores fríos. Kandinski utilizó el círculo como el símbolo sensual de la forma perfecta:

“El círculo que uso tan frecuentemente se puede llamar ‘círculo romántico’. Y este romanticismo es considerablemente más profundo, más bello, más interesante y sano, es el pedazo de hielo dentro del que arden las llamas. Si la gente siente solo el frío y no el fuego, tanto peor para ella”.

La Composición n.º VIII, de 1923, es la obra principal de este período. Además crea Los mundos pequeños y pinturas más íntimas como Pequeño sueño en rojo. La obra que mejor caracteriza la etapa de este romanticismo frío del pintor es Amarillo, rojo, azul, de 1925.

En 1932 la escuela de Bauhaus fue cerrada y un año más tarde el poder en Alemania pasó a manos de los fascistas. Sus ideólogos declararon las obras de Kandinski y de otros representantes del arte abstracto “arte degenerativo”. El pintor nuevamente cambió el país de residencia: se trasladó a Francia, donde en 1939 obtuvo la ciudadanía.

Durante sus años en Francia, Kandinski vivió y trabajó muy aislado dado que los pintores franceses ya no aceptaban la pintura abstracta como género artístico.

En esta época sus obras están lejos de los sentimientos del “romanticismo frío” pero están llenas de vida en ebullición. Entre ellas están Complejo-simple (1939), Conjunto multicolor (1938) y Azul celeste (1940).

El mismo pintor llamó a este período creativo “el verdadero cuento pintoresco”.

“El arte abstracto crea, al lado de lo ‘real’, un mundo nuevo que, a primera vista, no tiene nada en común con la ‘realidad’. Dentro, este arte está subordinado a las leyes comunes del ‘mundo cósmico’. Así, al lado del ‘mundo de la naturaleza’ aparece el nuevo ‘mundo del arte’, el mundo más real y concreto. Prefiero así al llamado ‘arte abstracto’ llamarlo ‘el arte concreto’”, escribió Kandinski.

El pintor falleció en 1944. Su compañera Gabriele Münter y su viuda, Nina Andréyevskaya, donaron una cantidad importante de sus obras a diferentes museos. A día de hoy los cuadros de Kandinski que se conservan se exhiben en el Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, en la Galería Tretiakov de Moscú y en galerías de arte de Nueva York y París.

En 1990 la casa de subastas Sotheby’s adjudicó la obra Fuga por 20,9 millones de dólares. Pero el récord lo tiene el cuadro Sonido blanco: la obra fue vendida en 2007 por 23,3 millones.

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