Lubok

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El lubok es una especie de arte figurativo de tipo tradicional. Durante mucho tiempo fue considerado un arte popular pero en el siglo XX aparecieron pintores profesionales que empezaron a trabajarlo. No se trata de un invento ruso ya que obras artísticas de este tipo existían en China, Turquía, India y Europa Occidental; sin embargo, precisamente en Rusia este arte obtuvo gran popularidad gracias a su peculiar e inconfundible estilo.

Lo más probable es que el término “lubok” provenga de la palabra rusa "lub", la parte exterior sólida de la madera de tilo que se usaba como base de las tablas sobre las que se estampaban las imágenes en las imprentas en el siglo XVII; por eso “lubok”, además de designar el estilo, se refiere a la pieza, a la imagen gráfica estampada que puede ser en blanco y negro o en color.

El lubok representa una imagen fácil de descifrar, a veces es toda una historia con texto, comentarios y réplicas de los personajes. El texto y la imagen gráfica son inseparables en este tipo de arte; en cierto sentido, se parecen a los cómics modernos. Los temas de las historietas representadas solían ser escenas bíblicas, cuentos, fábulas con moralejas, sátira social y política, etc. Lubok es un pozo de conocimiento y de humor popular.

Las peculiaridades técnicas de este tipo de arte son la sencillez, el sincretismo y la desproporcionalidad (el protagonista de la historia suele ser hasta diez veces mayor que los demás participantes de la escena) recordando a veces a los dibujos infantiles.

En el norte de Rusia, donde solían vivir los viejos creyentes que escaparon de la persecución de las autoridades en los siglos XVII-XVIII, el arte lubok era muy popular. Allá las imágenes se hacían a mano y solían ser obras únicas. Los dibujos eran mercancías muy populares en las ferias rusas de esos siglos; servían de diversión y a la vez que de una especie de fuente de información para el pueblo. Asimismo, con las obras de lubok se decoraban las casas de campesinos, mercaderes y burguesía.

El zar Pedro el Grande usó los lubkí como medio de propaganda; para ello, creó una imprenta especial en San Petersburgo a la que fueron invitados los mejores maestros de todo el país, algunos de los cuales se habían formado en Europa occidental. Casi todas las obras de este arte hechas en San Petersburgo tuvieron desde entonces carácter oficial ya que en ellas se representaban escenas históricas, moralejas, retratos de los zares, etc. Sin embargo, en Moscú y en el resto de Rusia, los lubkí seguían estando llenos de humor y sátira, incluso algunos recibieron críticas de la Iglesia. Cabe mencionar que ya a principios del siglo XVII la Iglesia intentó controlar la producción de los lubkí que contenían escenas religiosas, pero no fue posible establecer una censura total en toda la producción.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el arte de lubok empezó a decaer. Por un lado el control de la producción de lubok por parte del Estado y la Iglesia se hizo más fuerte; por otro, los productores utilizaban las formas del arte popular llenándola de su propio contenido. Como consecuencia se perdió la esencia inicial del lubok. Estos procesos originaron una nueva actitud de desprecio hacia este fenómeno, como si se tratase de un arte falso o kitsch (de mal gusto). Sin embargo, el lubok siguió siendo bastante popular entre la gente sencilla, aunque la aristocracia no lo reconociera como arte debido a su origen popular.

En siglos pasados nadie se preocupaba por conservar las imágenes de lubok porque a nadie se le podía ocurrir que los ejemplares de este arte popular conservados hasta nuestros días serían tan altamente valorados, pues son considerados reflejo de la pintura popular, del talento de los artistas, del humor y de la historia de la antigua Rusia. Solo en el siglo XX, los historiadores, etnógrafos y coleccionistas revisaron su concepción de esta forma de expresión y empezaron a estudiarla y coleccionar las obras que han sobrevivido hasta nuestros días.

La pintura dio inicio al fenómeno conocido como “literatura de lubok, donde ya los textos eran más extensos que los dibujos, y aparecieron pequeños libros sobre los temas típicos de los lubkí.

El lubok en Rusia dio inicio a carteles, caricaturas y cómics modernos.

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