Yaroslavl

Yaroslavl

Pocas veces se tiene la oportunidad de pasear por calles con una historia milenaria llena de descubrimientos, guerras cruentas, épocas de renacimiento y florecimiento de la cultura, el anochecer de los tiempos de grandes emperadores y el amanecer de un nuevo régimen, calles por las que paseaban zares y zarinas, famosos artistas y destacadas bailarinas, donde caminaba apresurado uno de los primeros masones en Rusia, iba en una elegante carroza el fundador del primer teatro público del país, e incluso hoy pasea el fundador del primer y mayor museo privado de Rusia… Todo esto se materializa en Yaroslavl, una ciudad milenaria, antigua y moderna al mismo tiempo, acogedora y hospitalaria.

Hace mil años, en las densas forestas cerca del río Volga vivía una tribu de paganos que adoraba a un oso, hasta que un día apareció el príncipe ruso Yaroslav el Sabio, que eligió ese lugar para levantar una ciudad que estaría situada en una importante ruta comercial europea. El príncipe mató al oso sagrado, sometió a los paganos y en 1010 erigió la ciudad de Yaroslavl, el primer puerto del Volga y una de las ciudades más antiguas de Rusia.

Yaroslavl no solo es el primer puerto, sino además la primera ciudad ortodoxa de la cuenca del Volga. Pero no solo en esto fue pionera: esta urbe milenaria es la patria del primer teatro público de Rusia. Su fundador, Fiódor Vólkov, empezó organizando espectáculos con sus amigos en el almacén de un mercader rico. Cuando la emperatriz Isabel supo de la genial idea del joven, puso a su disposición medios para que construyera un teatro, finalmente que abriría sus puertas el 30 de agosto del año 1756. Vólkov pasó a ser el primer actor de Rusia y el teatro, de más de dos siglos y medio de antigüedad, sigue albergando espectáculos hoy en día.

También Yaroslavl es cuna de la primera librería de Rusia, establecida por el famoso masón y editor del siglo XVIII Novikov, así como de la primera logia masónica del país.

No solo edificios antiguos pueden contemplarse en Yaroslavl. Hace 17 años, en una época difícil para el país, el artista de circo John Mostoslavski construyó una casa en la orilla del río Volga. Una planta estaba destinada a que viviera su familia y otras dos están llenas de relojes, instrumentos musicales, campanillas y planchas de todos los tipos y todas las épocas que componen una enorme colección. E invitó a todo el mundo a visitarlo. Así se estableció el primer y mayor museo privado de Rusia. No es el típico museo en el que se debe guardar silencio y no tocar. Aquí no solo se puede, sino que se debe tocar los objetos. Los más afortunados pueden disfrutar de una visita guiada por el mismo dueño de todas estas riquezas. Incluso a veces, Mostoslavski baila un vals acompañado por la melodía de un antiguo organillo.

La ciudad es un santuario arquitectónico que conserva una considerable cantidad de  monumentos históricos y culturales. Yaroslavl alcanzó su máximo auge en el siglo XVII, cuando se crearon multitud de maravillosas construcciones y obras pictóricas. Los pintores de la ciudad eran famosos más allá de las fronteras de Rusia, así como sus campanas, que pesaban entre 6400 y 11 220 kilos. La urbe contaba, además, con su propia escuela de pintura de iconos.

Llegado el siglo XX, con una población de 600 000 personas, el lugar dejó de ser el centro de la producción textil y se convirtió en uno de los puntos más importantes de Rusia en el desarrollo de la ingeniería mecánica, la metalurgia, la industria química y la petroquímica. Aquí, entre otros ejemplos del nuevo Yaroslavl del siglo XX, nació y estudió la primera mujer cosmonauta, Valentina Tereshkova.

Para conocer mejor esta ciudad histórica, el comienzo más recomendable es una visita a la catedral de la Transfiguración del Señor, considerada su mayor punto de interés cultural. Esta edificación desempeña el papel de kremlin de Yaroslavl. Fue construida como un convento en el siglo XII con el fin de defender la ciudad y originalmente estaba rodeada por una muralla. Cuatro siglos después, se comenzó a guardar aquí el tesoro público: en el año 1612, el monasterio albergó el Estado Mayor de Kuzmá Minin, considerado, junto con el príncipe Dmitri Pozharski, héroe nacional por su papel en la defensa del país contra la invasión polaca de principios del siglo XVII.

La catedral fue además sepulcro de príncipes y ciudadanos rusos. En su biblioteca se guardaba una colección de manuscritos y libros impresos antiguos. Entre ellos figura El cantar de las huestes de Ígor, una obra maestra anónima de la literatura eslava oriental, escrita en eslavo antiguo y que presumiblemente data de finales del siglo XII. Fue encontrada a finales del siglo XVIII y posteriormente publicada.

Hoy en día en Yaroslavl vive la osita Masha, el símbolo vivo de la ciudad, que fue encontrada hace unos años por unos cazadores en el bosque cerca de la ciudad. Los visitantes pueden acercarse a la osita y darle unos pedacitos de azúcar o zanahoria.

En el centro de la ciudad se encuentra la catedral más moderna de Yaroslavl, llamada de la Asunción y reconstruida a partir de una iglesia anterior. En 1937, la catedral de la Asunción fue demolida, al igual que muchas otras joyas arquitectónicas religiosas que sobrevivían en aquella época. En su lugar, se edificó un parque público de “cultura y descanso”. La reconstrucción del templo comenzó en 2004 gracias al apoyo financiero del empresario capitalino Víktor Tyryshkin, y finalizó a principios de septiembre de 2010. Los planos de la nueva iglesia fueron discutidos con la UNESCO, que en 2005 declaró el centro histórico de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Cuanto más tiempo se pasa en Yaroslavl, más iglesias se van descubriendo, la mayoría de ellas del siglo XVII.

El malecón del Volga, con sus barandas de hierro fundido, fue construido en los años 1823-1835 y se convirtió, con sus parques, tilos centenarios y mansiones antiguas, en un singular monumento de la cultura. Tras la restauración en los años 1944 y 1960, su longitud alcanzó los tres kilómetros. A lo largo de la costa, se ven muchas de las mansiones nobles de la ciudad de los siglos XVIII-XIX, con sus rejas, balcones de hierro y molduras en las fachadas. En verano se organizan travesías desde el puerto fluvial del Volga que incluyen el desplazamiento en lentas embarcaciones hasta localidades próximas. Los barcos salen del puerto construido en el año 1976 con forma de una gran nave transoceánica. Hasta esa fecha a lo largo del Volga solo había unos viejos amarraderos de madera. Los recién casados se acercan al embarcadero para fotografiarse y de noche los jóvenes pasean por el lugar.

Entre los días 10 y 12 de septiembre de 2010, Yaroslavl celebró su primer milenio, festejo que culminó con la inauguración de un monumento dedicado a la fundación de la ciudad, foco de expansión de la fe cristiana. Se trata de una columna de granito de 20 metros de altura coronada por un arcángel dorado y rodeada de un grupo escultórico con efigies del príncipe Yaroslav el Sabio, fundador de la localidad, y su hija Ana, reina de Francia, que lleva un bebé en las manos (el futuro rey Felipe I de Francia). Están acompañados por otros tres personajes clave en aquella época: un militar, un sacerdote y un burgués.

Teatros, museos, iglesias ortodoxas... parece que el mismo aire está saturado por la rica cultura rusa.

Quizá el ambiente de Yaroslavl sea diferente al de otras ciudades y estimule la creatividad... Lo mejor es verlo con los propios ojos, nadie sabe qué nuevos talentos puede ayudar a desarrollar la milenaria ciudad de Yaroslav el Sabio.

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