Isabel I

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Las fantasías de la emperatriz Isabel eran inverosímiles. Una anécdota histórica describe que un día ordenó que todas las damas de la corte se rasuraran la cabeza. Llorando, obedecieron. A cambio a las aristócratas se les dio una peluca negra, barata y de poca calidad, que tuvieron que usar hasta que les creció el pelo. La causa fue trivial: la emperatriz tiñó mal su propio cabello y tuvo que cortarlo por completo.

La hija de la victoria

En el traspatio de la corte

De vuelta a la política de Pedro I

La época del lujo

El fantasma del golpe de Estado

Isabel sentía una predilección especial por las mascaradas. A menudo exigía que las mujeres vinieran vestidas de hombres y los hombres, de mujeres. Al parecer la ropa masculina le quedaba especialmente bien a la emperatriz y a menudo solía vestirse de uniforme.

La hija de la victoria

Isabel nació el dieciocho de diciembre de 1709. Aquel precisamente fue el día en que las tropas rusas, comandadas por el zar Pedro I, entraron triunfales en la capital del imperio, Moscú. El zar, entusiasmado por el nacimiento de su hija, ordenó aplazar tres días la celebración de la victoria de Poltava y se fue junto con su esposa y su hija recién nacida a la aldea de Kolómenskoye, en los alrededores de Moscú.

Isabel se convirtió en la niña mimada del zar. Pedro I incluso soñó con casarla con el rey de Francia. A Isabel lе enseñaron francés, alemán e italiano y sabía canto y baile, pero la aristocracia europea rechazó a la novia rusa por haber nacido antes de que el zar Pedro I y su esposa Catalina se casaran oficialmente. Es más: su madre, Catalina I, no era la procedencia noble.

En el traspatio de la corte

Los historiadores afirman que Isabel nunca pretendió participar en política. Tenía su pequeña corte, que residía en un pequeño palacio en San Petersburgo o en la residencia veraniega de Tsárskoye Seló, en los alrededores de la capital. Isabel tampoco participó en las intrigas palaciegas después de la muerte del emperador Pedro I. Permaneció en el “traspatio” de la corte durante el reinado de Ana I y cuando coronaron al emperador bebé Iván VI con la regente Ana Leopóldovna.

Fue la regente quien se interesó por la amistad sospechosa de Isabel con los oficiales del regimiento Preobrazhenski, élite del Ejército ruso. Los militares estaban descontentos con la gestión de Ana Leopóldovna, que frenó las reformas del zar Pedro el Grande y promovió el acceso a importantes cargos públicos a descendientes de la nobleza alemana. Los oficiales tramaron un complot para entronizar a la princesa rusa Isabel.

De vuelta a la política de Pedro I

El veinticinco de noviembre de 1741 Isabel se presentó en el cuartel general del regimiento Preobrazhenski y de allí, acompañada por unos 300 soldados y oficiales que le juraron lealtad, se dirigió al palacio imperial. Sin encontrar resistencia, Isabel se proclamó emperatriz de Rusia y encarceló al zar Iván VI y a la regente Ana Leopóldovna. En seguida Isabel declaró que iba a continuar con la política de su padre.

En la práctica esta política fue llevada a cabo por los favoritos de la emperatriz, los ministros de la corte Iván Shuválov, Alexéi Bestuzhev-Riumin y otros. Isabel se casó con Alexéi Razumovski, cantante del coro imperial, con el que contrajo matrimonio en secreto. Sin embargo, Razumovski no participó en el gobierno del país. Con su marido Isabel tuvo un hijo, y con su amante, el conde Shuválov, una hija.

La corte afianzó el papel del Senado y de varios ministerios fundados por Pedro I. Entre las medidas económicas más importantes estuvo la suspensión de las aduanas internas en 1754, lo que impulsó el flujo de mercancías entre las diferentes partes del país. Aparecieron los primeros bancos rusos, se llevó a cabo una reforma tributaria (se elevaron los impuestos a los contratos de importación y exportación y subieron los tributos a las ventas de sal y vino) y comenzó a desarrollarse la industria pesada. En lo social se ampliaron los poderes de la nobleza. Los aristócratas obtuvieron todos los derechos para poseer tierras y siervos. Se autorizó el destierro de los siervos a Siberia por desobediencia y se prohibió a los campesinos realizar operaciones financieras sin el permiso de los terratenientes. En 1756 se abolió la pena capital y fueron prohibidas las torturas.

En la época de Isabel brilló el talento del científico Mijaíl Lomónosov, se fundó en Moscú la primera universidad de Rusia y arrancó el programa de apertura de teatros imperiales.

En 1744 se emitió el decreto que prohibía desplazarse a gran velocidad por las ciudades y se establecieron multas por blasfemar en público.

Durante el reinado de Isabel, Rusia nuevamente estuvo en guerra contra Suecia (1741-1743) por disputas territoriales. Entre 1756 y 1763 tuvo lugar la guerra de los Siete Años, también por cuestiones territoriales, en la que estuvieron involucradas Rusia, Prusia, Austria y Francia. En este conflicto las tropas rusas se mostraron victoriosas al infligir a Prusia varias derrotas y conquistar por un breve periodo Berlín, la capital prusiana.

La época del lujo

Uno de los visitantes extranjeros que conoció a Isabel a la edad de dieciocho años afirmó: “La princesa es de una belleza que jamás he visto. Tiene un color sorprendente de cara, unos ojos maravillosos, un cuello perfecto y una cintura incomparable. Es de estatura alta, extremadamente viva, baila bien y cabalga sin miedo alguno. Tiene la mente sana, es graciosa y muy coqueta”.

Dice así el testimonio sobre Isabel a la edad de 34 años: “Es linda y de presencia majestuosa. Es una mujer alta, bastante corpulenta, pero no tiene ninguna dificultad para realizar movimientos rápidos y graciosos. Se ve bien portando tanto ropa femenina como traje masculino”.

A los bailes y mascaradas en los palacios imperiales acudían hasta 1500 invitados. Los oficiales de guardia quitaban las máscaras a los invitados para ver e identificar los rostros. Durante los bailes Isabel y las damas de la corte solían cambiarse de vestido varias veces; la emperatriz durante un día se podía cambiar hasta en cinco ocasiones. En su guardarropa del palacio de Tsárskoye Seló encontraron tras su muerte unos 15 000 vestidos y varios miles de zapatos. Todo comerciante de ropa extranjera, al arribar con su mercancía a San Petersburgo, debía presentarse, primero, en el palacio imperial. Isabel adquiría todo lo mejor. Los diplomáticos rusos debían estar al tanto de la moda en sus respectivos países para informar a la emperatriz y hacer compras de acuerdo con sus preferencias. Ninguna aristócrata rusa podía llevar el peinado de Isabel: el cabello hacia atrás y recogido hacia arriba, todo adornado con diamantes y una cinta rosada.

El fantasma del golpe de Estado

Isabel fue una niña mimada durante la infancia, en la juventud le hacían caso omiso y el poder lo obtuvo por vía ilegal. Los historiadores enfatizan que estas tres circunstancias influyeron en la formación de su personalidad. Le gustaba deleitarse, fue perezosa y artística y al mismo tiempo caprichosa y vengativa. Sentía nerviosismo y miedo constantes. Se afirma que nunca podía dormir de noche y se iba del palacio a lugares desconocidos donde permanecía hasta el amanecer. Nunca tuvo un horario de comidas fijo. Posiblemente, este tipo de vida desordenada y la tensión nerviosa adelantaron su fallecimiento. Murió el veinticinco de diciembre de 1761 en medio de una depresión profunda.

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