Serguéi Eizenshtéin

Serguéi EizenshtéinRIA Archivo

El nombre del realizadorruso Serguéi Eizenshtéin (con frecuencia escrito “Eisenstein”) siempre entra en las listas de los más destacados y talentosos directores del cine mundial. Sus cintas no solo revolucionaron el joven cine soviético, sino que también produjeron gran influencia en el desarrollo del cine estadounidense, francés o italiano. A día de hoy, filmes como El acorazado Potiomkin y Octubre son detalladamente estudiados en las escuelas cinematográficas de todo el mundo.

La “trilogía revolucionaria”

Eizenshtéin nació el 23 de enero de 1898 en Riga, Letonia. Comenzó su carrera como director teatral, pero pronto se interesó por el nuevo arte del cine. En 1924 rodó su primera película, La huelga, que fue el inicio de su afamada trilogía revolucionaria. En esa cinta sobre un motín de los obreros de una fábrica rusa, el director por primera vez mostró sus nuevas técnicas de montaje, que luego fueron perfeccionadas en su segunda y más famosa cinta de 1925, El acorazado Potiomkin (con frecuencia transliterada “Potemkin”).

El film se basa en hechos reales que tuvieron lugar en el puerto de Odesa (Ucrania), en junio de 1905. Los marineros del acorazado Potiomkin, indignados por los malos tratos, decidieron sublevarse contra su mando después de que se les intentase obligar a comer carne podrida. En ese ejemplo, el cineasta soviético revelaba los crímenes de la época del zarismo en Rusia, que finalizó en 1917 con la revolución bolchevique.

Considerado por muchos críticos una de las mejores películas del cine mundial, Eizenshtéin conquistó con El acorazado a los espectadores a través de su atrevido e innovador montaje. El director usó la edición no como un simple método para enlazar escenas, sino como un medio capaz de manipular las emociones de su audiencia. Esa técnica luego fue llamada “montaje de atracciones”.

La escena más famosa de la cinta es el episodio del cruel fusilamiento de la población civil rusa por las tropas zaristas en una escalinata de Odesa. La escena consiste en 170 planos y está presentada en un tempo artificial: el corto episodio que dura varios segundos en la realidad, se extiende a unos seis minutos en la pantalla, que muestra los más pequeños detalles de lo acontecido, sumergiendo al espectador en los acontecimientos.

El momento más dramático del episodio sucede cuando una mujer es alcanzada por una bala mientras corre con el cochecito de su bebé, que rueda escaleras abajo al morir la madre. Luego, esa escena sería muchas veces homenajeada por famosos directores, tales como Francis Ford Coppola en El padrino, Brian De Palma en Los intocables de Elliot Ness y Woody Allen en Bananas. La legendaria escena con el cochecito ha sido incluso objeto de muchas parodias cinematográficas.

Tras el triunfo de El acorazado Potiomkin, mostrada en numerosos países, incluso en EE. UU., Eizenshtéin concluye su trilogía revolucionaria con el filme Octubre (1928) sobre los sucesos del asalto al Palacio Real en San Petersburgo durante la revolución bolchevique. Esas tres cintas dieron al joven cineasta soviético la fama de verdadero “poeta de la Revolución”. En su trilogía, Eizenshtéin logró presentar el cruel e impetuoso espíritu revolucionario y el comportamiento de las masas con una fuerza narrativa jamás vista antes en el cine.

En su siguiente película, La línea general (también conocida como Lo viejo y lo nuevo, 1929) Eizenshtéin continúa sus experimentos con el montaje y complica su estilo narrativo. En la cinta sobre la reforma agraria de los años 20, el realizador se centra, no en las masas, sino en una heroína individual, lo que marca el paso desde el “montaje de atracciones” hacia el “montaje de pensamientos”. Pero la complejidad del nuevo lenguaje cinematográfico presentada en esa cinta no llegó a ser muy bien comprendida en su época.

La experiencia extranjera

En los años 30 Eizenshtéin viajó con un grupo de cineastas soviéticos al extranjero para investigar el uso del sonido en el cine, ya que en ese campo la Unión Soviética no tenía la mejor tecnología. En Europa y en EE. UU. Eizenshtéin fue recibido como un genio, dio conferencias en las principales universidades de Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos. Cuando llegó a Hollywood, conoció a estrellas como Charlie Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks y recibió varias propuestas de los estudios Paramount.

Pero su triunfal llegada a Hollywood pronto se aguó por una serie de fracasos. Su primer guión, Sutter’s Gold, fue rechazado por Paramount. Luego, el estudio le encargó otro guión, la adaptación de la clásica novela de Theodor Dreiser Una tragedia americana. Finalmente, la productora no quedó satisfecha con el resultado, y además, algunas organizaciones anticomunistas en California estaban contra la idea de llevar esta novela al cine con un director soviético. Todo esto hizo que finalmente Paramount rompiera su contrato con Eizenshtéin.

La única película que rodó en el extranjero fue ¡Que viva México!, inacabada. El cineasta llegó al país latinoamericano a fines de 1930 y comenzó a rodar con el apoyo del famoso escritor estadounidense Upton Sinclair. Tenía rodados más de 60 000 metros de película cuando la producción se paró debido a que Sinclair dejó de patrocinar el rodaje y las autoridades soviéticas pidieron al cineasta que volviese a la URSS. Eizenshtéin no logró realizar hasta el fin su idea de hacer una gran ilustración artística de las costumbres y tradiciones mexicanas.

Su obra bajo la censura estalinista

En 1932 Eizenshtéin volvió a la Unión Soviética. Su larga visita a los países occidentales fue motivo de sospechas por parte de Stalin, que no desaparecieron por completo hasta la muerte del cineasta. Casi todas las siguientes películas de Eizenshtéin fueron severamente censuradas por cuestiones políticas. No obstante, seguía siendo uno de los más premiados y populares realizadores del país.

El filme El prado de Bezhin, rodado en 1935, provocó fuertes críticas por parte de la censura. La película se basaba en la vida de Pávlik Morózov, un muchacho que se convirtió en mártir político tras su muerte en 1932, después de haber denunciado a su padre ante las autoridades soviéticas y ser ejecutado, posteriormente, en manos de su familia. Tras la oleada de críticas por alusiones antisoviéticas encontradas en la cinta, Eizenshtéin tuvo que declarar públicamente que su trabajo había sido errado y el filme fue suprimido y destruido antes de su culminación. Solo en los años 60 se encontraron algunos cortes y copias parciales de la cinta.

En 1938 Eizenshtéin dirigió el drama histórico Alexandr Nevski, que habla del príncipe y adalid ruso del siglo XIII y su famosa batalla contra los caballeros teutones en 1242. La película resultó una obra puramente propagandística y parece ser una concesión de Eizenshtéin a las autoridades tras el fracaso de El prado de Bezhin. Sin embargo, el filme tuvo enorme éxito en los cines y hasta ahora es mostrado por la televisión durante las fiestas nacionales como un clásico patriótico.

A comienzos de los años 40, Eizenshtéin inició la producción de una amplia epopeya histórica sobre la vida de uno de los más crueles zares de la historia rusa, Iván IV, más conocido como Iván el Terrible. El monarca del siglo XVI fue uno de los personajes históricos más respetados por Stalin. El rodaje de la cinta comenzó en 1942 en Kazajistán, de donde Eizenshtéin y otros cineastas de Moscú fueron evacuados tras el inicio de la Gran Guerra Patria (1941–1945).

Eizenshtéin planeaba hacer una gran película en tres partes. La primera parte, rodada entre 1942 y 1944, se estrenó a fines de 1944. La cinta presentaba a Iván como un héroe nacional, un líder fuerte, resolutivo y exitoso, como aspiraba a ser el mismo Stalin. La película se caracteriza por una gran cantidad de primeros planos y muchos experimentos de iluminación muy innovadores para aquellos tiempos. La primera parte gustó mucho al mandatario soviético y Eizenshtéin fue galardonado con el premio Stalin, uno de los más prestigiosos galardones de la época.

Pero la situación con el segundo y tercer capítulos de la saga fue mucho más complicada. Eizenshtéin decidió profundizar en la imagen del zar y lo presentó como un monarca torturado, que se cuestiona si el poder proviene de Dios o del pueblo. Tal interpretación del carácter de Iván no fue apreciada por la censura soviética y Eizenshtéin recibió órdenes de rehacer la cinta. Como resultado, la segunda parte no se estrenó hasta 1958, mientras que la tercera, que el director no logró completar, fue confiscada y destruida. Eizenshtéin falleció a causa de un ataque cardiaco en 1948, caído en desgracia.

Un precursor del futuro

El legado de Eizenshtéin incluye no solo sus geniales películas, sino también muchas investigaciones teóricas sobre el arte del cine. Durante varios años, Eizenshtéin fue profesor de la principal escuela cinematográfica rusa, la VGIK, donde encabezó la cátedra de dirección. Sus conferencias durante su viaje a Europa y EE. UU. atrajeron a muchos estudiantes y amantes del cine, mientras que sus obras completas cuentan con varios miles de páginas.

El principal objetivo de las investigaciones teóricas de Eizenshtéin fueron las tecnologías de montaje. Según él, un buen montaje era lo más importante para la producción de una película, la garantía del éxito de la obra cinematográfica, de su influencia en las emociones de los espectadores.

A finales de los años 20, el director comenzó a prestar gran atención a la llegada del sonido al cine y la posible influencia de ese nuevo elemento en el lenguaje cinematográfico. En sus estudios el cineasta también analiza profundamente los enlaces entre el cine y la literatura, las particularidades del cine como arte y su influencia psicológica. Algunas ideas e hipótesis se adelantaron a su tiempo. Por ejemplo, sus suposiciones sobre la creación de la pantalla ancha o el papel del color en el cine fueron llevadas a la práctica solo después de la muerte del cineasta. Hasta hoy, las teorías de Eizenshtéin son estudiadas en las universidades y las escuelas artísticas de muchos países.

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