Iván IV

Iván IVRIA Novosti

Los historiadores destacan en especial la influencia de dos monarcas en el destino de Rusia. Se trata del emperador Pedro el Grande, que abrió al país el mundo europeo, y del zar Iván IV, quien al final de su gobierno recibió el apodo de “el Terrible”. Tras su muerte, Rusia se hundió en unos desórdenes que estuvieron a punto de acabar con el país.

El historiador Nikolái Karamzín escribió que el reinado de Iván IV fue esplendoroso en sus comienzos pero en su declive dejó el país como si de nuevo hubiera sufrido la devastación de las invasiones tártaras del siglo XIII. Otro historiador, Vasili Kliuchevski, comparó al zar con un guerrero ciego que, según una antigua leyenda, para matar a sus adversarios echó abajo la casa en la que él y estos estaban.

En 1547 a los diecisiete años de edad Iván le dijo al metropolitano Makari —máxima autoridad religiosa ortodoxa rusa— que quería casarse y convertirse en el primero de los grandes príncipes rusos en hacerse llamar oficialmente “zar de toda la Rus”. El dieciséis de enero en una de las iglesias del kremlin de Moscú durante la ceremonia solemne de coronación Iván recibió el título de zar y el tres de febrero contrajo matrimonio con Anastasía Zajárina-Románova.

El número de enlace de Iván IV no se conoce con exactitud. Los historiadores mencionan a siete esposas, de las que solo cuatro son legítimas desde el punto de vista del derecho eclesiástico ortodoxo (en realidad se permiten únicamente tres matrimonios, el cuarto fue autorizado porque el zar juró que la tercera esposa murió súbitamente y virgen). Para seleccionar a la zarina habitualmente se convocaban a más de dos mil pretendientes. Entre ellas, el zar elegía personalmente, primero, a veinticuatro candidatas, después a doce y al final a su futura cónyuge. La familia de la escogida se enriquecía y ocupaba importantes cargos en la corte.

Karamzín escribe que, cuando eligió a su primera esposa, Anastasía, Iván estaba guiándose, en primer lugar, por las cualidades personales de la novia y no por su procedencia noble. El primer matrimonio duró trece años, el período más fructífero y positivo del reinado del zar ruso. En primer lugar Iván procedió a la reforma de los organismos del poder local sustituyendo a los gobernadores enviados desde Moscú por un gobierno elegido por la nobleza local. Los nuevos organismos administrativos se ocupaban de los impuestos, de la justicia en los casos menores, del cuidado de las tierras comunales, etc.

En la época de Iván IV se fortaleció el sistema de ministerios que se ocupaban de las solicitudes y quejas que llegaban al zar, de los asuntos exteriores y de la seguridad interna, del equipamiento de la infantería y de las finanzas. El zar ordenó un catastro de tierras y terrenos baldíos, los cuales repartió entre la nobleza militar. Cada guerrero del zar tenía derecho a 170 hectáreas como mínimo, a cambio de lo cual debía presentarse en cualquier momento al servicio militar con armas y caballo. Los terratenientes y sus siervos eran el núcleo de las Fuerzas Armadas rusas de aquel entonces, de las que los extranjeros destacaban la excelente calidad de su artillería.

El nuevo zar no tardó en emplear su poderío militar y pronto organizó la conquista del kanato tártaro de Kazán. Inicialmente Iván IV trató de conquistar el kanato por la vía diplomática pero fracasó. Tras dos expediciones militares fallidas, en 1551 emprendió la tercera. Los rusos utilizaron torres de madera móviles para destruir las murallas y torres de Kazán, los artilleros volaron gran parte de las fortificaciones y la ciudad fue tomada por asalto.

Con la conquista del kanato de Kazán se abrió el camino hacia Siberia. En Oriente se podía conseguir uno de los botines más codiciados de la época: valiosas pieles de animales. Los mercaderes rusos Stróganov recibieron el visto bueno del zar para organizar expediciones de aventureros. Uno de los miembros de estas expediciones fue el cosaco Yermak. Con un destacamento de solo 600 hombres, cruzó en 1581 los montes Urales, alcanzó el río Irtish y derrotó al kan siberiano Kuchum. Tras la muerte de Yermak las expediciones rusas continuaron y se fundaron numerosos fuertes. Tras los avances iniciales de los cosacos, la conquista de las tierras siberianas continuó de mano de agricultores y cazadores de pieles.

Cuatro años más tarde de la anexión de Kazán a Rusia, ante el Ejército de Iván el Terrible cayó el kanato de Astracán. Todas las tierras en las orillas del Volga y la ruta comercial completa pasaron a formar parte de Rusia.

Para contener las permanentes incursiones de los tártaros de Crimea, a unos 200 kilómetros al sur de Moscú fue erigida una línea de defensa a partir de fortalezas y obstáculos naturales como ríos y bosques. En 1572 la infantería y la caballería de los boyardos aniquilaron el ejército de 120 000 guerreros del kan Devlet-Gueréi (o “Devlet Giray”) en una batalla a 50 kilómetros de Moscú.

Haciendo análisis del gobierno del primer zar ruso, el historiador Vasili Kliuchevski llega a la conclusión de que “el zar hizo menos de lo que había pensado hacer e influyó mucho más en la imaginación y en los nervios de sus contemporáneos que en el orden estatal”.

Kliuchevski insiste en que las circunstancias de la infancia de Iván perturbaron su mente sana de ruso y moscovita bondadoso y le provocaron un desarrollo innatural y enfermizo.

Iván se quedó huérfano en su tierna infancia: a la edad de cuatro años perdió a su padre, el gran príncipe Basilio III, y a los ocho años falleció su madre, Yelena Glínskaya. Desde la infancia el zar estuvo rodeado de gente ajena y cínica. En las ceremonias oficiales todos le mostraban signos de respeto pero en la vida cotidiana los boyardos se burlaban de él. Kliuchevski escribe que el zar desde muy joven adquirió la costumbre de caminar girando la cabeza y para escuchar las voces y sonidos en su alrededor. Así nació un recelo permanente que con el transcurso de los años se transformó en desconfianza profunda hacia la gente. La humillación acumulaba el odio hacia la nobleza, que utilizaba a Iván en intrigas y ambiciones palaciegas. El zar se sentía constantemente rodeado de enemigos.

En 1564 las tropas rusas sufrieron varias derrotas contra los suecos y polacos en la guerra de Livonia por la posesión de las tierras de la costa del mar Báltico. Uno de los comandantes rusos, el príncipe Andréi Kurbski, un hombre de confianza del zar, lo traicionó. Iván anunció que los boyardos no querían seguir sus órdenes y que tramaban un plan para asesinar al zar. En enero de 1565 Iván y su corte salieron en peregrinación fuera de Moscú y tras varias semanas de camino se instalaron en la aldea de Alexándrovskaya Slobodá. Ahí el zar abdicó a favor de un tío pero retomó las riendas del poder pocas semanas después, cuando los habitantes de la capital de Rusia se rebelaron contra los boyardos.

Al regresar a Moscú Iván anunció la creación de la opríchnina. En ruso antiguo la palabra “óprich” significa “especial”, “aparte”. El zar dividió al país en dos partes: la opríchnina, unas veinte ciudades de provincias y varios distritos de Moscú donde Iván ejercía el poder absoluto; y una zona que quedaba en manos de los boyardos, que gobernaban a través de un consejo. El zar se reservaba el derecho de vetar a los boyardos. A las familias de los boyardos más nobles les fue confiscada la mayoría de las tierras a favor de los opríchniki, mil siervos armados del zar que no pertenecían a las familias de la nobleza. Estos tenían un aspecto sombrío: vestían de negro y tenían atadas a la silla de montar de sus caballos la cabeza de un perro y una escoba, que simbolizaban su misión principal: morder la traición y limpiar de traidores el reino de Iván IV. Los opríchniki tenían que responder ante la Justicia.

Cumpliendo órdenes del zar, bajo mínima sospecha torturaban, ahorcaban y quemaban vivos a los boyardos, y aterrorizaban y saqueaban a la gente común. La culminación del terror fue la aniquilación en 1569 de los habitantes de Nóvgorod, en el norte del país, debido a que Iván IV tenía sospechas de que la ciudad quería traicionarlo y pasar al bando enemigo en la guerra livonia. Durante la expedición murieron unas 15 000 personas, la mitad de la población total de la ciudad. A muchos los ahogaron bajo el hielo del río Vóljov. El confidente del zar Maliuta Skurátov estranguló al metropolitano ortodoxo Felipe.

En 1572 Iván el Terrible derogó la opríchnina y reunificó el país. Los historiadores afirman que la guardia personal del zar lo traicionó durante la invasión de los tártaros de Crimea, negándose a acudir al campo de batalla. Además, para entonces el zar ya había asestado un duro golpe a los grandes latifundistas nobles, considerados los mayores enemigos de la corona. Vasili Kliuchevski escribe que “Iván decidió gobernar de una manera distinta de como lo hicieron su abuelo y su padre, rechazando la ayuda de la nobleza. Al mismo tiempo no llegó a la conclusión y convicción personal de cómo debería ser el nuevo gobierno. Iván convirtió la cuestión política del modo de gobernar en una guerra cruel contra el pueblo, en una matanza sin objetivos ni distinciones. La opríchnina originó el desorden general, mientras que el asesinato del hijo y heredero del zar, Iván, marcó el fin de la dinastía”.

El príncipe Iván efectivamente fue asesinado por su propio padre. El zar lo mató en un ataque de ira, asestándole un golpe mortal en la cabeza con un bastón. Alexéi Adáshev, uno de los ayudantes más cercanos del zar, murió de hipotermia en una celda. Fiódor Basmánov, otro confidente, fue obligado a matar a su padre y luego fue ejecutado por este crimen.

Los estudios médicos de la época moderna afirman que el zar Iván IV en los últimos años de la vida fue tratado de varias enfermedades con dosis regulares de mercurio. Este tratamiento dañaba el cerebro y producía constantes cambios de humor, ataques de euforia y cólera. De hecho, cuando en 1963 en el kremlin de Moscú fue abierto el sepulcro del primer zar ruso, entre los restos encontraron de una cantidad excesiva de mercurio. No se descarta que el monarca fuera envenenado.

El zar, brillante orador, filósofo y escritor y amante de la literatura, poseía una de las más ricas bibliotecas de la época. Esta despareció misteriosamente y todavía los investigadores continúan buscándola. Iván IV era asimismo gran aficionado al ajedrez, de hecho, se dirigía a una partida de este juego cuando falleció el dieciocho de marzo de 1584.

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