Yuri Andrópov

Yuri Andrópov RIA Novosti / Yuri Abramóvich

Yuri Andrópov fue el máximo dirigente de la URSS —secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética— desde noviembre de 1982 y hasta febrero de 1984, 15 meses en total. Los 15 años anteriores fue presidente del KGB, la Policía secreta soviética.

Introducción

15 años al frente del KGB

15 meses al frente de la URSS

Vida personal

Introducción
Yuri Andrópov nació el 15 de julio de 1914 en la aldea de Nagútskaya, cerca de la ciudad de Mozdok, en el sur de Rusia. Su padre era ingeniero ferroviario y su madre maestra de música; ambos murieron jóvenes.

Yuri se graduó en el colegio técnico de transporte acuático en la ciudad de Rýbinsk y posteriormente trabajó en los astilleros locales, donde fue promovido a un cargo en el Komsomol. En esta organización hizo carrera política llegando a ocupar la secretaría en la república soviética de Karelia.

Durante la Gran Guerra Patria (1941-1945) comandó la guerrilla de los territorios del norte ocupados por las tropas alemanas. A causa del tiempo expuesto a la intemperie en los bosques fríos y pantanosos enfermó y los problemas de riñones lo acompañaron a lo largo de toda la vida.

Tras el fin de la guerra se mudó a Moscú, donde fue ascendiendo paulatinamente escalones en el Partido Comunista. En 1954 fue nombrado embajador soviético en Hungría. Dos años más tarde en este país del bloque soviético de Europa del Este se produjo un levantamiento popular contra la acelerada industrialización, colectivización y represalias políticas. Algunos historiadores afirman que Yuri Andrópov fue artífice del plan para sofocar la rebelión por la fuerza militar. El aplastamiento dejó más de 2500 húngaros muertos y 2000 bajas en el Ejército soviético.

A su vuelta a Moscú, Andrópov ocupó importantes cargos en la jefatura del Partido Comunista y en 1967 fue designado para estar al frente del KGB, el comité para la seguridad de Estado, máximo servicio secreto de la Unión Soviética.


15 años al frente del KGB

Yuri Andrópov se convirtió en el director del servicio secreto que más años permaneció en el cargo: ocupó el despacho en el edificio de la plaza Lubianka durante quince años. Por razones obvias, los pormenores de la actividad de los servicios especiales de otros países se desconocen y, sin embargo, en los medios occidentales se divulgó ampliamente la campaña de persecución del KGB a los disidentes, intelectuales soviéticos, que denunciaban la violación de los derechos humanos en la URSS.

Andrópov fue contrario a los métodos estalinistas dictatoriales que consistían en represalias masivas y en el aniquilamiento físico de los “enemigos del poder soviético”. No obstante, no descartaba la persecución legal e intimidación de los disidentes. Contra ellos se efectuaron por lo menos once grandes procesos judiciales que finalizaron con encarcelamiento. Se practicó también la reclusión de disidentes en manicomios para someterlos a tratamiento médico forzoso.

Asimismo, durante la época de Andrópov el KGB presionó a disidentes para que abandonasen el país. A algunos, como el escritor y denunciante del gulag Alexandr Solzhenitsyn, los privaron de la ciudadanía y los exiliaron del país. Al disidente Vladímir Bukóvski lo intercambiaron por el líder del Partido Comunista chileno Luis Corvalán, que permanecía preso en Chile tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet.

En sus intervenciones públicas Andrópov insistía en que la disidencia estaba alimentada por los servicios especiales extranjeros para desestabilizar la URSS. Sin embargo, los historiadores y los contemporáneos de Andrópov afirman que el jefe del KGB entendía que las causas de la resistencia al régimen soviético radicaban en los errores de la política interior y exterior y en los intentos de regresar al estilo de gobierno de la época del dictador Iósif Stalin.

Pese a la persecución de intelectuales disidentes, Andrópov tenía amistades entre artistas y, en especial, apoyó los experimentos innovadores del teatro moscovita de Taganka, a su estrella Vladímir Vysotski y al director Yuri Liubímov. Entre los poetas y escultores, como Yevgueni Yevtushenko y Ernst Neizvestny, el jefe de la Policía secreta tuvo fama de político liberal, que escribía poemas líricos, conocía bien la pintura y la música clásica y hablaba idiomas extranjeros.

Paradójicamente, fue Andrópov quien insistió en introducir en el código penal los artículos que recrudecieron las penas por “propaganda antisoviética” y “calumnias sobre el régimen social soviético”, lo que les costó caro a los denunciantes de la injusticia política, social y económica de la URSS.

En lo profesional, el KGB de Andrópov ahorró a la URSS miles de millones de dólares: el departamento T (espionaje científico-técnico) a principios de los años 80 logró hacerse con más de 3000 avances tecnológicos sobre armamento, informática y proyectos médicos.

El futuro secretario general ordenó formar el comando Alfa, que se convirtió en el arma principal en la lucha contra el terrorismo en la época de las reformas de los años 90. En esos años el KGB recogía también abundante información sobre la corrupción y, en especial, la que se daba en la cúpula gobernante del país. Se hicieron famosos los casos de especulación con caviar negro y de la actividad de los círculos mafiosos en varias repúblicas del sur de la URSS.

El jefe del KGB aprobó asimismo diversas medidas para mejorar la imagen de los servicios secretos. La telenovela Diecisiete instantes de una primavera sobre las hazañas de un agente soviético en la época de la Gran Guerra Patria fue todo un éxito.

En 1982 murió Mijaíl Súslov, secretario del comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), responsable de asuntos ideológicos. Lo sustituyó en el cargo Andrópov, que se situó así en el segundo puesto más importante dentro del Partido Comunista y, por consiguiente, dentro de todo el país. Tras la muerte en 1983 del entonces secretario general del PCUS, Andrópov se convirtió en el número uno del partido.


15 meses al frente de la URSS

Al asumir la secretaría general, Yuri Andrópov, en primer lugar intentó disciplinar a los ciudadanos del país. Comenzaron a llevarse a cabo redadas en las tiendas, cines, peluquerías y otros lugares públicos en las horas laborales. La Policía interrogaba sobre las actividades de los ciudadanos fuera de sus puestos de trabajo y a continuación se enviaban las denuncias a los directores de las oficinas o fábricas. Hubo casos en los que se denunciaron a estudiantes de secundaria por escaparse del colegio para ver los dibujos animados. Comenzada en diciembre de 1982, la campaña disciplinaria adquirió carácter escandaloso y ridículo y fue suspendida en febrero de 1983. Curiosamente, en el primer semestre de ese año la producción industrial creció un 6 %.

En lo económico Andrópov planteó la descentralización y la mejora de la productividad y propuso un sistema de brigadas para el sector agrícola que debería estimular la producción real y la diferenciación salarial. Su hijo Ígor afirmó que a su padre le interesaba en especial el modelo social y económico sueco.

La brevedad de su gobierno no permitió a Andrópov profundizar en las reformas. Los cambios visibles ocurrieron solo en el interior del partido, donde se hizo el intento de retirar a los ancianos y promover a la gente más joven. De esta manera en los pasillos del poder apareció Mijaíl Gorbachov. En los 15 meses al frente de la URSS Andrópov sustituyó a 15 ministros soviéticos y a secretarios del Partido Comunista en 37 provincias, algo que hizo que la élite se sintiera amenazada ante los incómodos cambios radicales y la posible pérdida de los puestos claves en el poder.

En la política exterior se agudizaron las relaciones de la URSS con los EE. UU., en particular a causa del despliegue de los misiles estadounidenses de alcance medio Pershing en Europa. Estos misiles podían alcanzar el territorio soviético en siete minutos sin que los interceptaran. En noviembre de 1983 Andrópov suspendió las  negociaciones sobre el desarme hasta la retirada de los misiles. Otro aspecto importante de la política exterior fue la guerra en Afganistán, que estaba en su momento más crítico y causaba cerca de dos mil muertos anuales en el Ejército soviético.

Otro momento crítico en las relaciones internacionales de la URSS sucedió cuando el 1 de septiembre de 1983 en el Lejano Oriente soviético se produjo el abatimiento de un avión surcoreano con 269 pasajeros a bordo. El aparato se desvió de la ruta y sobrevoló unas bases soviéticas de misiles y de submarinos atómicos. La defensa antiaérea soviética confundió el avión de pasajeros con un avión espía norteamericano que llevaba un rumbo paralelo y ordenó el despegue de un caza interceptor desde la base Sókol en la isla de Sajalín. Por órdenes del mando terrestre, el piloto trató de avisar a los surcoreanos pero al no obtener respuesta derribó el avión de dos impactos.

La versión oficial del incidente, presentada tres días después del mismo, sostenía que el avión coreano entró en el espacio aéreo nacional y al abandonarlo desapareció en los radares. Más tarde las autoridades reconocieron el ataque. Los militares soviéticos insistieron en que toda la operación fue programada por la CIA para estudiar la defensa antiaérea soviética en el Lejano Oriente. Sin embargo, en los países occidentales llegaron a la conclusión de que los pilotos surcoreanos se equivocaron en la navegación.

El incidente exacerbó las tensiones de la Guerra Fría y en Occidente la URSS empezó identificarse como el “imperio del mal”, expresión creada por Ronald Reagan.

Un día el secretario general recibió una carta de Samantha Smith, una ingenua niña norteamericana. Samantha pedía al líder soviético que frenara la carrera armamentista y estableciera la paz en todo el mundo. El líder de la superpotencia mundial respondió a la niña, le explicó la dirección de la política exterior de la URSS y la invitó a visitar el país, convirtiendo a Samantha en una embajadora de la paz.  


Vida personal

Yuri Andrópov estuvo casado en dos ocasiones y tuvo cuatro hijos, dos de cada matrimonio. Los hijos de su primera mujer nunca vivieron con él. Su hijo Vladímir estuvo preso por un delito menor y era víctima del alcoholismo. Ígor, fruto de su segundo matrimonio, hizo la carrera diplomática y fue embajador soviético en Grecia. Las hijas, Yevguenia e Irina, nunca han sido personas públicas. Uno de sus nietos, Dmitri, es gerente de un banco en Moscú y su nieta Tatiana es maestra de danza en Miami, EE. UU.

A los 70 años, la enfermedad de riñones que Andrópov padecía desde la Gran Guerra Patria se agravó y en sus últimos años de vida debía acudir dos veces a la semana al Hospital Clínico Central de Moscú para realizar un tratamiento de diálisis. Los médicos le dieron otros cinco o seis años de vida activa pero desde el otoño de 1983 estuvo ingresado en el hospital. Las personas que lo visitaron afirman que el líder soviético mantuvo las facultades mentales hasta los últimos momentos. Aunque solo veía con un ojo, solía leer hasta 400 páginas diarias de documentos oficiales y revistas literarias y también veía la televisión.
El secretario general del Comité Central del PCUS falleció de un fallo renal el 9 de febrero de 1984 a las dieciséis horas y cincuenta minutos. Su sepulcro está en la Plaza Roja de Moscú al lado de las murallas del Kremlin.

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