Música clásica rusa del siglo XIX

Música clásica rusa del siglo XIXRIA / Serguéi Piatakov. Una escena de la ópera 'Borís Godunov'

La obertura de la ópera de Mijaíl Glinka Ruslán y Liudmila (1824) revela la imagen a gran escala de una Rusia que está en un proceso de movimiento impetuoso, casi como si fuera un despegue. Lo que soñó el zar reformador Pedro I, el Grande, quien fuera el primero en infundir las tradiciones europeas en Rusia cien años antes, se hizo realidad después de la victoria en la Guerra Patria de 1812 contra el Ejército de Napoleón. A comienzos del siglo XIX, el país se manifestó bien alto en el panorama mundial. Mijaíl Glinka logró reflejar este sentimiento de poder, lo que transformó la obertura, en cierto sentido, en una tarjeta de presentación rusa.

La mezcla de variadas herencias culturales rusas —pagana, cristiana ortodoxa rusa y europea—consiguió en el siglo XIX un elevado nivel cuando los maestros rusos pudieron reflejar todas las ideas y valores de su pueblo. Así, en las obras de estos compositores se puede advertir la búsqueda de las leyes del universo, el deseo de mostrar los sufrimientos del ser humano, la protesta contra la mentira e injusticia del mundo, así como el amor a la patria, sus paisajes e historia.

No obstante, también en ese siglo los creadores —incluidos los músicos— se consideran a sí mismos responsables del pueblo, e incluso profetas según el código espiritual del cristianismo ortodoxo. Este deber de los compositores llenos de civismo y patriotismo no estaba vinculado con las ilusiones y las fantasías abstractas del Romanticismo que florecía en Occidente en aquel tiempo. Entrelazaban los recursos románticos de la música con el realismo. De esta manera, nacieron obras profundas en las que, por una parte, se describía con veracidad el mundo circundante y, al mismo tiempo, se reflejaba el hondo mundo de las emociones y los movimientos del espíritu y el alma humana.

Se considera el siglo XIX como el de la “nueva escuela musical rusa”, movimiento en torno a un conjunto de principios estéticos que seguían los compositores de un grupo denominado "Los Cinco" o  “El Gran Puñado” (“Mogúchaya Kuchka”, en ruso) que unía a Mili Balákirev, Modest Músorgski, Tsézar Kiui, Alexandr Borodín y Nikolái Rimski-Kórsakov. Todos eran compositores aficionados y basaban su creación en el arte nacional y el folclore ruso. Su reto principal fue reflejar con toda precisión la imagen del pueblo de este país, junto con sus ideales morales y espirituales.

Lo anterior se plasmó tanto en las óperas, como en los romances de época. Alexandr Aliábiev, Alexandr Guriliev y Alexandr Varlámov basaron su trabajo en la poesía rusa y a través de sus romances, que siguen siendo famosos en estos días, promovían la obra de los poetas rusos.

Destacan seis compositores brillantes en esta época, que influyeron en casi todos los grandes creadores musicales del siglo XX, ya fuera en Francia, Italia o EE.UU. Así, por ejemplo, el fundador del jazz sinfónico y todo un clásico de la música estadounidense, Jeorge Gershwin, tenía como ídolos a Piotr Chaikovski y Serguéi Rajmáninov. Las obras de Alexandr Borodín y Modest Músorgski, en tanto, fueron ejemplo para las ideas musicales de Maurice Ravel y Claude Debussy.

Mijaíl Glinka, “el sol de la música clásica rusa”

Mijaíl Glinka es el fundador de la escuela de música clásica rusa. Fue el primero que mezcló los principios de la música popular rusa y los logros del arte europeo de forma orgánica, logrando reconocimiento mundial. Igualmente fue el fundador de dos géneros de ópera en Rusia: la ópera dramática y la ópera basada en un cuento. Glinka coleccionaba los tesoros de la música mundial para insertarlos en su obra. Así, aparecen en su trabajo escenas polacas, imágenes de España y el Oriente.

La ópera La vida por el zar (también conocida como Iván Susanin), está basada en la historia real de un campesino que, pagando con el precio de su vida, salva la familia del zar de la represión de los invasores polacos. Por primera vez en la música rusa el héroe principal es un representante del pueblo, poseedor de altas cualidades espirituales, tales como la bondad y la justicia. Los temas principales de la ópera se consideran himnos a Rusia.

En tanto, la ópera Ruslán y Liudmila fue creada sobre la base del poema homónimo de Alexandr Pushkin. Es una mezcla de cuentos folklóricos y lírica con poderosas imágenes del amor y la fidelidad.

También destacan las oberturas y fantasías sinfónicas “Kamárinskaya”, “Jota aragonesa” y “Noche en Madrid”. Los romances basados en las poesías de Alexandr Pushkin se constituyeron en una valiosa herencia para el repertorio de muchos cantantes profesionales y enamorados.

Alexandr Dargomizhski (1813-1869), “el maestro de los retratos vocales

Alexandr Durgomizhski es el maestro en el arte de las entonaciones melódicas de la voz humana. Así, la expresividad de la música en sus romances viene dictada por los rasgos individuales del habla de una persona. Dargomizhski creó unos cien “retratos musicales” con personajes vivos de gente feliz y desdichada, digna o llena de bajas pasiones. Conocida es la canción El caporal viejo, referida a un destacado y digno soldado del ejército de Napoleón condenado al paredón por ofender a un oficial. Otra obra destacada es El gusano, cuyo tema es un empleado miserable y tacaño que se arrastra humillantemente ante sus jefes.

En su ópera Rusalka (Sirena) este creador da a luz el auténtico retrato de un simple molinero ruso, una encarnación del pueblo con sus sentimientos profundos, su gran experiencia de vida y una visión sensata y prudente sobre la vida cotidiana y la supervivencia.

También es reconocido por sus romances y canciones, además de por la ópera El convidado de piedra.

Alexandr Borodín (1833-1887), “el adaptador musical de la épica heroica rusa”

La imagen soberana de la Gran Rusia de la segunda mitad  del siglo XIX y los aspectos positivos del Estado se ven reflejados perfectamente en la ópera de Alexandr Borodín El príncipe Ígor. Los musicólogos destacan las huellas de la épica rusa en esta obra: los héroes tradicionales, los rasgos idealizados del país y el sello terrible y hasta amenazante de la potencia como ecos de la futura dictadura imperial.

En general, a Borodín se le considera creador de un mundo artístico singular, una especie de “épica musical”. En su Sinfonía n.º 2 (“Bogatírskaya”) presenta una escrupulosa pintura de la vida de los héroes rusos legendarios, incluyendo sus batallas, festines y exultaciones.

La ópera El príncipe Ígor muestra la sabiduría humana que sostiene que la limpieza del alma se consigue a través de sufrimientos y pruebas. La obra está basada en El cantar de las huestes de Ígor, del siglo XII, que trata sobre la marcha sin éxito del príncipe ruso. Una precisa investigación de la historia y el folclore ruso permitió al compositor crear una música propia que da cuenta tanto de la tradición pagana de la cultura rusa con sus canciones de fiestas y lamentaciones, como de los cantos de la iglesia ortodoxa por medio de campanadas y melodías solemnes. El mundo imaginativo lo constituye el Oriente de los enemigos de Ígor, los polovtsianos. Las melodías que definen este mundo tampoco son heredadas. Aquí todo es inventado, pero las entonaciones y ritmos muestran todo el abanico de las relaciones paradójicas entre dos pueblos. Entre las melodías más famosas destacan “La marcha polovtsiana” y “Las danzas polovtsianas”.

Además aún son conocidos algunos romances y tres sinfonías del compositor.

Modest Músorgski  (1839-1881), “el maestro de la Filosofía profunda y la denuncia social en la ópera”

Desde el punto de vista de los musicólogos rusos, la obra de Modest Músorgski “Cuadros de una exposición” es tan profunda que basta para conocer “la música de toda la humanidad y que contiene todo su conocimiento”, tal como apuntó Mijaíl Kasinik. No solo este trabajo influyó en la creatividad musical de Maurice Ravel y Claude Debussy sino que, si no hubiese conocido en persona y escuchado la música de Músorgski, nadie sabe cómo se hubiese desarrollado el talento del gran romántico musical francés Ravel.

El historiador musical ruso Mijaíl Kasinik ahonda en el tema:

“En ‘Cuadros de una exposición’ se puede hallar una fórmula de la existencia a nivel de vida y muerte, macro y micro espacio. Cada parte crea y hace alusión a un océano de reflexiones y pensamientos, suposiciones y conocimientos de la humanidad. El signo de lo insoportable y el fin trágico está en la parte ‘Ganado de trabajo’, la tragedia de la civilización está en ‘Las catacumbas’. Ahí está toda la tragedia de la civilización y mucho más”

Músorgski demostró que en la música se pueden presentar dos opuestos simultáneamente, tan contrarios como el tiempo y su misma ausencia. También hizo una revolución en la música al emplear dos tonalidades contrastantes, algo que se consideraba imposible en la armonía musical. Así, las tonalidades suenan a la vez como la voz de un hombre pobre y otro rico en la sección “Dos judíos” de “Cuadros de una exposición”.

Cuando muere una semilla, nace la vida. Pues bien, entre estos dos acontecimientos hay un instante de transformación que va de la muerte a la vida. La politonalidad en la música se puede explicar como ese instante que se alarga durante cierto tiempo en el que la muerte y la vida conviven. El filósofo alemán Immanuel Kant y el pensador Albert Einstein plantearon que el tiempo y el espacio no existen en el universo, sino que son solo coordenadas vitales con las que opera el cerebro de un ser humano. La música de Músorgski en “Cuadros de una exposición” refleja esta existencia simultánea de dos cosas contrarias con sus medios y tonalidades. 

Igualmente destacan otras obras suyas como algunas canciones, los ciclos vocales “La habitación de niños” y “Cantos y danzas de la muerte”; el ciclo de piano “Cuadros de una exposición”; el poema sinfónico “Una noche en el monte pelado” y las óperas dramáticas Borís Godunov y Jovánschina, referidas a la crueldad de los zares de Rusia y a cómo el país se rebela y reza.

Nikolái Rimski-Kórsakov (1844- 1908), “Profesor y cuentista musical”

La gran herencia musical de Rimski-Kórsakov se puede describir como la creación de “obras fantásticas en las que el bien vence al mal”. 15 óperas, 10 obras sinfónicas, romances, cantatas y música instrumental: todo ello bajo la forma de cuentos maravillosos, destacando la belleza del mundo y la verdad espiritual cristiana. En comparación con Modest Músorgski y sus óperas basadas en temas sociales de denuncia, a Rimski-Kórsakov le atraía el mundo fantástico de las creencias rusas. Por ello se le cataloga como un “cuentista musical”.

Como todos los exponentes de la “escuela nueva de la música rusa”, basaba sus obras en el folclore nacional, pero lo que sus compañeros realizaban solo en la música, Rimski-Kórsakov lo formulaba también en sus lecciones y artículos como profesor del Conservatorio de San Petersburgo. Así, los problemas del arte, las cuestiones del profesionalismo, la armonía en la percepción del mundo, el equilibrio interno, el virtuosismo fino, el gusto perfecto y la claridad clásica del pensamiento musical son temas de su reflexión profesional que ahora forman parte de la herencia teórica de la música.

También investigó cómo, mediante los instrumentos de una orquesta, era posible imitar las voces de la naturaleza. Además, tenía el “oído de color”, o sea, hacía corresponder los colores con tonalidades o asonancias separadas.

Las leyendas, cuentos, mitos y rituales del folclore ruso conforman no solamente la temática principal, sino que daban sentido a las ideas principales de la mayoría de sus obras. Él ve el sentido solapado filosófico en los géneros populares rusos y revela la visión al mundo de este pueblo.

El sueño sobre la felicidad y una vida mejor está encarnado en las imágenes musicales de los países y las ciudades fantásticas de las óperas La doncella de la nieve y El cuento del zar Saltán.

Los ideales estéticos y morales del pueblo ruso están representados por medio de las cautivadoras y tiernas heroínas de sus óperas, tales como la zarina de Kaschéi, el Inmortal y Fevronia de La leyenda de la ciudad invisible de Kítezh y la doncella Fevronia. En tanto, “cantantes legendarios rusos” como el pastor Liel y el negociante Sadkó simbolizan el arte nacional.

Las imágenes épicas a gran escala de las obras de Rimski-Kórsakov también reflejan el poder vivificante de la naturaleza eterna y su belleza.

La fuente del optimismo vivo tan característico en las obras del compositor es la fe profunda de la nación rusa en la victoria de las fuerzas de la santidad, la justicia y la bondad.

La suite sinfónica “Scheherazada” —basada en el relato de Las mil y una noches—, y en particular su cuarta parte y final, reconstruye los contornos de un gran océano, el que se considera como una metáfora de la vida entera. La descripción de la vida universal remite al género de la epopeya artística a gran escala, tan típica de aquel período histórico. Resulta destacable que las efervescencias del océano mundial cambien por la tranquilidad de un oasis de calma y silencio. De este modo, se percibe la visión del mundo optimista que lleva la esencia humana del arte de la segunda parte del siglo XIX.

Entre otras obras de Nikolái Rimski-Kórsakov destacan sus romances, la obra orquestal “Capricho español” y la suite sinfónica “Scheherazada”. Igualmente las óperas Pskovitianka, Noche de mayo, La doncella de la nieve, La noche antes de Navidad, Sadkó, Mozart y Salieri, La novia del zar, El cuento del zar Saltán, Kaschéi el Inmortal, La leyenda de la ciudad invisible de Kítezh y la virgen Fevronia y El gallo de oro.

Piotr Chaikovski (1840 - 1893), “el maestro del dualismo espiritual humano”

Directamente proporcional a la modernidad de un clásico es su demanda. En tal sentido, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Chaikovski es el compositor más interpretado en el mundo: cada minuto suena su música en algún rincón del planeta.

El tema principal de su creación es el conflicto entre la aspiración de una persona hacia lo ideal, el amor y la libertad espiritual y la trágica imposibilidad de conseguir la armonía ansiada. Cual “artista psicológico”, logró penetrar en el contradictorio mundo interno de una persona y reflejarlo con precisión en su música.

Chaikovskicrea imágenes típicas de su época. Tanto él como Mijaíl Glinka no basan su música sobre la vida espiritual de la gente solo en las bases nacionales folklóricas, sino que las vinculan  con los principios de la música europea. Así sus obras se perciben más ligeras para el oído extranjero.

Todo su legado musical —diez óperas, seis sinfonías, tres ballets, más de cien romances, música para piano, orquesta, coro y música sacra— está lleno de psicología y calada de entonaciones líricas y melodiosas, así como de un desarrollo dramático profundo.

La tragedia humana se desencadena en las sinfonías 4, 5 y 6, la última de ellas considerada por algunos como una especie de réquiem del compositor a sí mismo.

Sinfonía n.º 4: En su primer acto se muestra la lucha respecto a dos posibilidades del inicio de la vida: las aspiraciones claras hacia la felicidad del ser humano y el infortunio que tiene cada uno en su camino. Como el gran escritor ruso Fiódor Dostoyevski, Chaikovski no las delimita, destacando que ni el bien ni el mal son solo factores externos de la vida, sino que primeramente son el estado interno del mundo espiritual de las personas. La sinfonía se termina con la canción folclórica rusa “Un abedul en el campo” (“Beriozka”), símbolo de cómo el pueblo ruso sabe cómo alegrarse y encuentra motivos verdaderos para entregarse a los buenos sentimientos, según planteó el mismo compositor.

Sinfonía n.º 5: Ya no hay lugar en esta sinfonía para la felicidad del pueblo. El héroe está a solas con su destino. El resultado musical de esta lucha provoca discusiones, ya que el final pomposo de la obra es considerado por algunos críticos como la victoria de lo bueno sobre lo malo, mientras otros advierten una marcha hacia el destino fatal que reina en la existencia de las personas y también signos de la infructuosidad de los intentos humanos por conseguir la felicidad.

Sinfonía n.º 6 (“Patética”): Es la apoteosis de la vanidad de la vida humana. En vez de la tradicional parte final de las obras del género, el compositor escribió una parte lenta, fúnebre, en la que se oyen los lamentos del hombre que deja este mundo para siempre. Mientras aún estaba en pleno período creativo, Chaikovski pensaba llamar a toda la sinfonía “La vida”, pero después eliminó ese título. Se considera que la obra dispone las preguntas eternas del ser humano a Dios: quiénes somos, para qué vivimos y a dónde vamos. Incluso en la última página del manuscrito se consigna como firma del compositor: “Gracias, Señor”.

En tanto, la lucha de la gente con los obstáculos fatales en el marco de las costumbres sociales tradicionales está perfectamente reflejada en la ópera “Eugenio Oneguin”. La obra está basada en la “novela en verso” homónima de Alexandr Púshkin, la que es catalogada como “una enciclopedia de la vida rusa”, según el crítico de la época Vissarión Belinski. No obstante, Chaikovski redujo la trama al drama personal de tres personajes.

Por otra parte, en la base de la ópera “La dama de picas” está la predestinación de los héroes a la muerte y las fuerzas oscuras. La obra está basada en una novela corta de Alexandr Pushkin. El sueño sobre la belleza del amor y la victoria del bien penetra en una de las obras más optimistas del compositor de Cascanueces.

La bella durmiente cuya música creo Chaikóvski y cuya puesta en escena estuvo a cargo del famoso coreógrafo Marius Petipa, vino a establecer un profundo cambio en el arte del ballet. Por otra parte, otra obra maestra de Chaikovski, el ballet El lago de los cisnes, no tuvo éxito tras su primer estreno y solo con un libreto cambiado fue aclamado por todo el mundo, aunque ello ocurrió después de la muerte del autor.

Una de las obras más conocidas de Piotr Chaikovski es su solemne y romántico Concierto para piano y orquesta nº 1, aunque poca gente conoce su gran herencia de música sacra. Debido a que la música del siglo XIX estaba enfocada en la práctica laica (óperas, romances, sinfonías), el nivel de la música religiosa quedó mucho más bajo que en los siglos anteriores. Para modificar esa situación, Piotr Chaikovski creó entre otras obras Las Vísperas, sobre la base de antiguos cantos rusos que trataban de conservar su belleza inicial.

Entre las obras destacadas de Piotr Chaikovski se encuentran romances, el ciclo de piano “Las estaciones del año”, tres cuartetos para cuerda, la obertura de fantasía “Romeo y Julieta”, los poemas sinfónicos “Francesca da Rimini” y “Capricho italiano”, tres conciertos para piano y orquesta, el concierto en re mayor para violín y orquesta, las variaciones sobre un tema rococó para violonchelo y orquesta, seis sinfonías (incluida Manfred), las óperas Eugenio Oneguin, Mazepa, La dama de picas e Iolanta, y los ballets El lago de los cisnes, La bella durmiente y Cascanueces.

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