Valaam

ValaamRIA Novosti / Serguéi Kompanéichenko

Hay lugares en la Tierra que parecieran estar especialmente predestinados a alabar la grandeza divina, lugares que simbolizan la armonía prístina de la existencia humana. A menudo están aislados del mundo por alguna frontera natural. En Rusia, uno de estos sitios siempre ha sido y será Valaam, archipiélago en el lago Ládoga, con su famoso monasterio.

La isla carelia de Valaam, denominada “Nuevo Jerusalén”, con su silencio majestuoso, con sus cruces de granito en los caminos boscosos y el canto monacal con plegarias a Dios por el bien de la humanidad, llega al alma y se queda para siempre en la memoria de cada viajero que la visita.

Eminentes visitas

Valaam, la mayor isla del archipiélago homónimo, con su clima severo y naturaleza única, ha quedado plasmada en las obras de famosos pintores rusos como Nikolái Rérij —o “Roerich”— (La isla santa) o Iván Shishkin (El paisaje de Valaam). Visitaron Valaam los emperadores rusos Alejandro I y Alejandro II, el compositor Piotr Chaikovski, los científicos Nikolái Miklujo-Maklái y Dmitri Mendeléyev, e incluso Alexandre Dumas (padre).

El archipiélago está situado en la parte norte del lago Ládoga, a unos 22 kilómetros del continente. En ninguna otra parte de Europa se puede encontrar otro lugar parecido con sus rocas abruptas, bahías, islas, canales y sus bosques de coníferas, con pinos de 300 años. En 1999, el archipiélago recibió la condición de “Parque Natural”. Cuenta con más de 480 especies de plantas, unas 10 especies de mamíferos y más de 120 especies de aves. Su naturaleza es única debido a su localización. La primavera llega a finales del marzo. La temperatura media de julio es +17° C y en febrero baja a  –8° C. 

Por lo visto, el nombre de “Valaam” proviene de la palabra finesa “valamaa”, que significa “tierra alta, montañosa”, algo que no se ajusta a la realidad sino más bien a la impresión que produce la isla. Según otra versión, el nombre procedería de un ídolo pagano popular: Veles. En la antigüedad, el territorio estaba poblado por tribus paganas.

El principal lugar de interés de la isla es el monasterio y sus once ermitas. Las ermitas, iglesias y capillas de la isla son obras arquitectónicas de estilo ruso. Los primeros edificios religiosos aparecieron aquí en la Edad Media, pero como consecuencia de los ataques de los suecos y de diferentes incendios todos ellos fueron destruidos. La arquitectura actual data de los siglos XVIII al XX.

El edificio más alto del monasterio es la catedral de la Transfiguración de Cristo. Tiene una altura de 140 metros. Una escalera de granito lleva desde el embarcadero hasta el monasterio. Alexandre Dumas describió esta escalera de 62 escalones como “gigantesca”.

De san Andrés a la fábrica de celulosa

Según una leyenda, en la antigüedad, cuando los eslavos y las tribus fino-ugrias se preparaban para abrazar el cristianismo, el archipiélago era escenario de rituales de sacrificio. Esta misma leyenda asegura que el primer apóstol llamado por Jesucristo, san Andrés, tras evangelizar las tierras escitas y eslavas, se dirigió desde Nóvgorod a Valaam, donde destruyó los templos paganos, alzó una cruz de granito y predijo un gran futuro para el lugar.

Las tradiciones del Imperio bizantino llegaron a Rusia junto con la cristianización de la Rus de Kiev. En aquella época —finales del siglo X y primera mitad del siglo XI— se refiere la vida de san Sergio y san Germán, los fundadores del monasterio de Valaam. Se supone que llegaron a la isla salvaje desde Grecia. Según otra versión, san Germán procedía de Carelia y después de la muerte de san Sergio encabezó la comunidad de monjes. La historia de las vidas de aquellos santos no se ha conservado hasta nuestros días. Todo lo que se sabe es que después de la cristianización apareció en Valaam el monasterio con su sistema de organización y dirección.

Múltiples milagros hechos gracias a la fuerza espiritual de las reliquias de san Sergio y san Germán entraron en las crónicas. Los santos respondían a todos los que les suplicaban auxilio: a los enfermos de cuerpo o alma.

Hacia principios del siglo XVI en el archipiélago vivían unos 600 monjes; sin embargo, los múltiples ataques de los suecos llevaron a la decadencia a la isla bendita. En numerosas ocasiones el centro religioso de Valaam fue destruido y nuevamente levantado y en el siglo XIX alcanzó su mayor esplendor.

En 1907, el abad Mavriqui en su viaje por Oriente Próximo tuvo la idea de dar a Valaam la imagen de la Tierra Santa. En la actualidad, la isla es un calco topográfico de Jerusalén y sus alrededores. Tiene su monte Tabor, su monte de los Olivos, su río Jordán, la Cruz, símbolo de los sufrimientos de Cristo, y su Santo Sepulcro.

En los tiempos soviéticos en el territorio del monasterio y sus ermitas se encontraba un instituto de Marina y una fábrica de celulosa.  

La vuelta a la vida

Durante su secular historia, el monasterio ha sufrido muchos periodos de decadencia pero siempre se ha recuperado milagrosamente. El final del siglo XX fue un tiempo de grandes cambios en la vida del país, que también afectaron a la Iglesia ortodoxa rusa. Empezó el proceso de la recuperación de la vida religiosa. Se restablecieron multitud de iglesias y catedrales y renacieron muchas tradiciones y costumbres olvidadas. El 14 de diciembre de 1989, el día de fiesta en honor a san Andrés, en la bahía de Níkonovskaya de Valaam atracó un barco con seis monjes a bordo. Poco a poco renació la vida monástica. En ese momento comenzó una nueva etapa de la historia de Valaam.

La reconstrucción resultó muy difícil. Al llegar a la isla, los monjes emprendieron los trabajos de restauración. Las paredes ennegrecidas y húmedas de la catedral de la Transfiguración de Jesucristo les recordaban la desolación que había reinado en ese lugar sagrado durante decenas de años.

Poco a poco reconstruyeron los templos, levantaron nuevos iconostasios, decoraron las iglesias por dentro y prepararon la tierra para el cultivo. Cerca de los muros del monasterio vivía la población local. Gritos y cantos, la música alta, todo se oía desde el monasterio. Sin embargo, los monjes afirman que aquel tiempo fue bendito para ellos.  

Actualmente viven casi 200 monjes ortodoxos que llegaron a Valaam desde diferentes partes y con la experiencia de la vida en solitario. Esta tierra se convirtió no solo en su casa espiritual sino también en un lugar donde tienen que trabajar mucho para conseguir comida y apreciarla. Miles de peregrinos y turistas llegan a la isla anualmente.

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